LIENZOS DE LOS CUATRO EVANGELISTAS DEL RETABLO MAYOR DE LA CARTUJA DE JEREZ. ZURBARÁN. MUSEO DE CÁDIZ
En el inventario de 1835 estas obras se describen
como lienzos de «un poquito de apaisado» y «pintados de 3/4 sin cuadro».
Al estar situados en zonas elevadas y menos visibles, no tienen el protagonismo
de las piezas principales, las cuales
son de calidad más alta.
Tras el proceso de la desamortización de 1835, las obras fueron rescatadas por la
Academia de Bellas Artes gaditana y hoy se custodian de forma definitiva en el
Museo de Cádiz.
Según Odile Delenda, Zurbarán,
sobrecargado de trabajo, confió su ejecución a sus mejores colaboradores. La
distribución de los lienzos en el retablo es bastante discutible; a
continuación, os dejo dos de las posibles localizaciones.
·
San
Mateo (65 cm): al ser el único que describe la Adoración de los Magos, se colocaría encima de la
Adoración de los Magos (segundo
cuerpo).
· San Juan
(65 cm): como no relata episodios de la infancia de Cristo, iría sobre el Nacimiento (segundo cuerpo).
·
San
Lucas (55 cm): al ser el narrador de la Anunciación, se situó sobre ella (primer cuerpo).
·
San
Marcos (55 cm): fue ubicado sobre la escena de la Circuncisión (primer cuerpo).
En el segundo cuerpo, en el lado del evangelio, el San Juan (65 x
63 cm) coronaba la Anunciación y el San Mateo
(65 x 63 cm), coronaba la Adoración de
los pastores en el lado de la Epístola.
En el primer cuerpo, del lado de la epístola, el
San Lucas (55 x 53 cm) se
encontraba bajo la Circuncisión, y San Marcos (55 x 53 cm), a la derecha, bajo la Adoración de los Magos.
Hipótesis
de Jeannine Baticle: señaló
la dificultad de que estuvieran colocados entre los grandes cuadros de Grenoble
(las calles laterales) y afirmó también
que tanto San Lorenzo como San Juan Bautista
estarían ubicados sobre las puertas de acceso al sagrario.
Estilísticamente, presentan paisajes muy
estrechamente relacionados con los de Los Hijos de Jacob de Durham,
caracterizados por una gran luminosidad, masas boscosas de tonalidad verde
oliva y una técnica "quasi impresionista" con pequeñas pinceladas
punteadas.
Los colores son más bien vivos (rojos, anaranjados o malvas)
para San Juan y San Mateo, y
atenuados en los verdes y los pardos para San Marcos y San Lucas.
SAN JUAN EVANGELISTA
Realizado por el taller de Francisco de Zurbarán entre 1637-1639
Óleo sobre lienzo. Altura = 65 cm;
Anchura = 63 cm
ORIGEN
E HISTORIA EXTERNA:
El lienzo se
encuentra en el Museo de Cádiz
desde 1836. Según Soria, los cuatro evangelistas
serían obra de taller; Guinard opina que fueron realizados con la colaboración
de un discípulo. Odile Delenda afirma
que Zurbarán confió su ejecución a sus mejores colaboradores.
San Juan (Romero de
Torres, s. f., lámina 118)
Representa al evangelista sentado, girado en tres cuartos y con la mirada
elevada hacia el ángulo superior derecho del cuadro, donde observa el
resplandor dorado que hay en el cielo. Sostiene un libro y una pluma en actitud
de escribir su evangelio. Se trata de la representación clásica
del evangelista, al que se le
suele representar con un libro, una pluma y, a menudo, con un águila (su
símbolo tradicional). La mirada de San Juan hacia arriba sugiere que está
recibiendo inspiración divina para su redacción.
La luz que parece provenir de arriba podría simbolizar esta inspiración.
El dibujo es realista, con
atención al detalle en los rasgos faciales, la anatomía y los pliegues de la
vestidura. Las líneas son firmes y precisas, definiendo claramente las formas.
La expresión de San Juan es de contemplación y arrobamiento, con la mirada
dirigida hacia arriba. La postura de sus manos, sosteniendo la pluma y el
libro, transmite su dedicación a la escritura.
La figura de San Juan ocupa la mayor parte de la composición, ligeramente descentrada hacia la izquierda. El libro abierto que sostiene en sus manos forma una línea diagonal que guía la atención hacia su rostro y luego hacia arriba, siguiendo su mirada.
La composición está equilibrada
por la presencia de otros elementos, como el árbol a la izquierda y el paisaje en el fondo, a la derecha. El águila,
símbolo de San Juan, también contribuye al equilibrio de la imagen; esta se
sitúa a sus pies, en el ángulo inferior derecho del lienzo.
Al
fondo, una arboleda y, detrás del santo, un tronco de árbol en la penumbra crean una sensación de profundidad,
aunque no de forma muy pronunciada.
San Juan viste capa roja y túnica
verde. El rojo de la capa podría simbolizar el martirio o la pasión, mientras
que el verde oscuro de la vestidura interior podría representar la esperanza o
la renovación. Señala Enrique
Valdivieso, en relación al tratamiento de los pliegues de la capa que viste
esta figura: «...se nota la habilidad propia del artista en el plegado de las
telas de la capa, que es realmente notable».
Predominan los colores cálidos y
terrosos, con toques de verde y azul. El rojo vibrante de la capa de San Juan resalta sobre el
fondo oscuro y neutro, atrayendo la atención hacia la figura central.
La iluminación llega desde la izquierda y parece provenir de una fuente exterior (posiblemente la misma que inspira al santo); esta incide especialmente en el antebrazo derecho de la figura y en el perfil de su rostro. Esto crea contrastes sutiles entre luces y sombras, resaltando la textura de las vestiduras y los rasgos faciales.
El sombreado se utiliza para
crear volumen y tridimensionalidad en la figura y los objetos. Es especialmente
notable en los pliegues de la túnica y en el modelado del rostro.
La profundidad se crea
principalmente a través de la superposición de objetos y la disminución del
tamaño de los elementos en el fondo. No se utiliza una perspectiva geométrica
rigurosa.
El enfoque principal está en la
figura de San Juan, con el fondo ligeramente desenfocado para no distraer la
atención del asunto principal.
El punto de vista es ligeramente
bajo, lo que da a la figura de San Juan cierta monumentalidad y resalta su
conexión con el cielo.
SAN MATEO
Realizado por el taller de Francisco de Zurbarán entre 1637-1639
Óleo
sobre lienzo. Altura = 65 cm; Anchura = 63 cm
ORIGEN
E HISTORIA EXTERNA:
El lienzo se
encuentra en el Museo de Cádiz
desde 1836. Como para los lienzos de los evangelistas, repetimos aquí las
conclusiones de Soria, que afirma que serían obra de taller; Guinard que dice
que fueron realizados con la colaboración de un discípulo, y de Odile Delenda que afirma que Zurbarán confió
su ejecución a sus mejores colaboradores.
Varios
estudiosos han visto la correspondencia que hay entre el rostro del ángel y el
de la figura de San Juan Evangelista. En cuanto a la ejecución del ángel
simbólico, César Pemán advierte tambien la intervención de un discípulo de
Zurbarán.
La obra representa a San Mateo Evangelista en el momento de
la inspiración de su evangelio. El tema sigue la iconografía tradicional
cristiana: el evangelista es retratado como un hombre maduro y barbado, lleva en su mano izquierda el libro del Evangelio apoyado
sobre la rodilla, acompañado por su atributo o símbolo del Tetramorfos, que es un ángel, la interacción entre ambos
muestra el diálogo místico y la transmisión de la palabra divina, donde el
ángel parece dictar o guiar la escritura del santo. El ángel, que dirige su mirada al
Evangelista, sostiene una filacteria y viste túnica rosada.
El Evangelista sentado, está girado de tres
cuartos hacia el ángulo inferior derecho del cuadro donde se encuentra la figura
del ángel simbólico.
La composición es cerrada, robusta y fuertemente asimétrica, dominada por la monumentalidad de las dos figuras. Existe una clara línea diagonal que va desde el brazo extendido de San Mateo en la esquina superior izquierda, cruzando su cuerpo hasta la figura del ángel en la parte inferior derecha.
Los cuerpos crean un juego de
miradas y giros (un leve contrapposto en el santo). Mientras Mateo gira
la cabeza hacia el ángel buscando inspiración, su mano abierta hacia el
exterior parece un gesto de recepción o explicación de las escrituras.
Los personajes ocupan casi la
totalidad del espacio pictórico, lo que genera una sensación de cercanía e
intimidad en la escena.
El dibujo es firme y define con
claridad los contornos, pero destaca especialmente el modelado volumétrico de las telas. Los pliegues de los mantos son
pesados, rotundos y casi escultóricos, lo que otorga una gran corporeidad y
peso físico a los personajes.
Hay un tratamiento naturalista y
expresivo, visible en la fuerza de las manos del evangelista, la textura
desordenada de su barba y cabello, y el rostro de perfil más idealizado y suave
del ángel.
La paleta de colores es cálida,
algo sobria pero con contrastes lumínicos potentes. Destaca el uso del ocre/amarillo tostado en el manto de
San Mateo, que capta la mayor atención visual, combinado con los tonos
grisáceos y violáceos de su túnica inferior. El ángel viste una túnica de un
rosa pálido o asalmonado que suaviza su figura.
La iluminación, propia del claroscuro barroco, la luz incide directamente desde el lado izquierdo, iluminando el rostro, el brazo extendido y los pliegues superiores del manto de San Mateo, mientras deja zonas en penumbra y proyecta sombras densas en los fondos, acentuando el dramatismo y el volumen.
La perspectiva geométrica apenas
tiene relevancia. Zurbarán opta por un fondo oscuro y abocetado, con una sutil
insinuación de naturaleza o celaje nuboso a la derecha, para evitar distracciones
y concentrar toda la atención en las
figuras.
La sensación de profundidad no se
logra mediante líneas de fuga, sino a través de la superposición de planos (el ángel ligeramente por delante o al
lado, el santo en plano principal, y el fondo detrás) y el uso de la luz, que
empuja a los personajes hacia el espectador.
SAN MARCOS
Realizado por el taller de Francisco de Zurbarán entre 1637-1639
Óleo sobre lienzo. Altura = 55 cm; Anchura = 53 cm.
ORIGEN
E HISTORIA EXTERNA:
El lienzo se
encuentra en el Museo de Cádiz desde 1836 y forma parte del grupo de los cuatro evangelistas destinados al retablo de la Cartuja jerezana. Como para todos los lienzos de los evangelistas,
Zurbarán se inspiró en los grabados del alemán Aldegrever; sin embargo, esta influencia es bastante menor en el
caso de San Marcos. Así, orienta al evangelista hacia la izquierda, aunque
sigue colocando al simbólico
león en el ángulo inferior derecho de la obra.
San Mateo (Romero de Torres, s. f., lámina 119)San Marcos (Romero de Torres, s. f., lámina 120), hay un error en la asignación del título a la obra, debería ser el 121.
San Marcos aparece representado
en su faceta evangélica, sentado y apoyado contra el tronco de un árbol en
actitud de redactar el Evangelio en un libro abierto sobre sus rodillas. Lleva
sobre la cabeza un nimbo imperceptible a primera vista, indicativo de su
santidad. En el ángulo inferior derecho, sumergido en la penumbra, se distingue
la cabeza del león simbólico (el tetramorfos
que lo identifica). Es una
iconografía clásica que subraya la inspiración divina y la autoridad de los
textos sagrados.
Al igual que ocurre con San Lucas, este lienzo
presenta una calidad menor que la de los dos primeros evangelistas, San Juan y San Mateo. Zurbarán dota de realidad y
naturalismo a la figura, con un inteligente empleo del color y la luz para
proporcionar el volumen que hace corpóreo al protagonista del lienzo.
La composición es piramidal y recortada en un formato casi cuadrado (55 × 53 cm). Zurbarán arquea e inclina ligeramente la mitad superior del cuerpo del santo hacia abajo para reforzar la concentración visual en el acto sagrado de la escritura. La composición guarda una estrecha relación y semejanza directa con el lienzo hermano de San Lucas, compartiendo la misma disposición del personaje, la actitud de estudio y el tratamiento del paisaje del fondo.
La paleta de colores es la típica
de la sobriedad zurbaranesca. Destaca el intenso verde de la túnica del santo,
que domina el primer plano, contrastando con el tono rosado violáceo suave de
su manto. Estos colores están saturados, pero contenidos. El fondo utiliza tierras
y verdes oscuros, creando un ambiente austero.
Zurbarán emplea un tenebrismo
moderado donde la luz incide de lleno en la calva del santo, su rostro
pensativo, las manos y las hojas del libro, dejando las zonas secundarias —como
el tronco del árbol y la cabeza del león— en una sombra gradual, lo que añade
dramatismo e introspección a la escena.
La perspectiva no es el elemento
fundamental, ya que la escena se centra en primer plano en la figura. Sin
embargo, hay una clara sugerencia de profundidad espacial a través de la
perspectiva atmosférica en el paisaje de fondo a la izquierda. Las colinas
boscosas se difuminan en tonos grisáceos y azulados, creando una sensación de
distancia y espacio al aire libre, un «desierto»
simbólico donde el santo se retira a escribir.
El fondo rompe el oscurantismo
plano mediante un sutil celaje matutino
o vespertino y una masa vegetativa lateral (un árbol a la derecha y
vegetación abocetada a la izquierda). Este paisaje de fondo proporciona
aireación y profundidad atmosférica a la escena, alejándose de los fondos
completamente neutros de otros retratos de santos de la primera época del
artista.
El dibujo destaca por su nitidez
y firmeza en los pliegues pesados y escultóricos de las telas, un rasgo
inconfundible del artista. Hay una marcada atención a la anatomía senil (barba
cana, ceño fruncido, frente arrugada) y a la plasmación del libro y la pluma,
que dotan a la escena de una gran inmediatez cotidiana y espiritualidad
austera.
SAN LUCAS
Realizado por el taller de Francisco de Zurbarán entre 1637-1639
Óleo sobre lienzo. Altura = 55 cm; Anchura = 53 cm.
ORIGEN
E HISTORIA EXTERNA:
El lienzo se encuentra en el Museo
de Cádiz desde 1836 y también forma
parte del grupo de los cuatro evangelistas
destinados al retablo mayor de la Cartuja
jerezana. El historiador Enrique Valdivieso, señaló en
1988, respecto a esta obra: “En la realización de este evangelista, al igual
que en la de sus tres compañeros, se advierte una calidad inferior a la que
normalmente refleja Zurbarán en sus pinturas, aspecto que induce a considerarla
como obra de taller.”
San Lucas (Romero de Torres, s. f., lámina 121), hay un error en la asignación del título a la obra, debería ser el 120.
San Lucas se representa sentado
al pie de un tronco de árbol, como San Marcos, pero mirando hacia el lado
opuesto. De la misma forma, se encuentra en actitud de escribir el libro del
Evangelio que apoya en su rodilla; el libro abierto y la pluma en su mano
sugieren la redacción del texto sagrado en la tranquilidad de la naturaleza. En
el ángulo inferior derecho del lienzo aparece
la cabeza del toro simbólico. El fondo lo constituye un paisaje luminoso en el
que se observa un lejano montículo.
La figura principal ocupa la
mayor parte del encuadre, formando un triángulo o pirámide visual muy sólida, un recurso clásico que
transmite estabilidad, peso y solemnidad. A la izquierda, el grueso tronco del
árbol actúa como un marco vertical que frena la mirada del espectador dentro
del cuadro. A la derecha, el ángulo del libro abierto y la mirada inclinada de
la figura guían la atención hacia la zona del paisaje. San Lucas se sitúa muy
cerca del primer plano (monumentalidad), dando la sensación de una presencia física imponente en un
encuadre cerrado.
Zurbarán utiliza la perspectiva aérea para lograr la sensación de profundidad a través de la gradación cromática del fondo. Las colinas del fondo a la derecha adquieren tonos verdosos y grisáceos más pálidos para simular la distancia y el aire interpuesto; así podemos ver hasta cuatro planos solapados: en el primero, el manto rosa/violeta sobre sus piernas; en un segundo plano, la figura de San Lucas, la túnica amarilla/dorada y el libro; el árbol a la izquierda y el paisaje con vegetación constituyen el tercero de los planos; y, al fondo, las montañas lejanas y el cielo claro.
Las prendas caídas y los pliegues abultados generan volumen real y sensación de peso corporal sobre el asiento. El realismo propio del Barroco se muestra en el dominio del modelado anatómico: la cabeza calva con barba poblada, el rostro ceñudo y concentrado, y las manos articuladas con precisión (especialmente la que sostiene la pluma). El tratamiento del drapeado de las telas, con pliegues amplios y pesados, aporta volumetría y sentido escultórico a la figura.
La fuente de luz incide desde la izquierda y desde arriba, iluminando fuertemente el hombro, la calva y las páginas del libro, y generando profundas sombras en el rostro (acentuando la ceja y la mirada) y en la parte posterior del manto, lo que aporta expresividad y volumen.
Respecto al colorido, destaca la
calidez del color ocre/amarillo
dorado de la túnica principal, que capta la mayor cantidad de luz y contrasta suavemente con el
rosa/púrpura del manto inferior, lo que
aporta riqueza tonal. Además, se
utilizan colores neutros en los fondos: tonos oscuros de tierra, verde
oliva y grises en la naturaleza.
DOCUMENTACIÓN:
Delenda, O. (2011). Así en la Tierra como en el Cielo:
Zurbarán y el retablo de la Cartuja de Jerez de la Frontera. Ediciones
Remedios 9; Fundación Cajasol.
Frati, T. (1988). La obra pictórica de
Zurbarán. Editorial Planeta, 103-105
Navarrete, B. (1996). Aportaciones a los
Zurbaranes de la Cartuja de Jerez. Archivo Español de Arte, 69(275), 243-261.
Ministerio de Cultura. (s.f.). San Juan
Evangelista [Ficha de inventario n.º CE20077]. Museo de Cádiz. Red de
Museos de España (CER.es). https://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=142823&inventary=CE20077&table=FMUS&museum=MCA
Ministerio de
Cultura. (s. f.). San Mateo [Pintura]. Red Digital de Colecciones de Museos de
España (CER.es), Museo de Cádiz (N.º de inventario CE20078). https://ceres.mcu.es/
Ministerio de Cultura. (s. f.). San Marcos
[Pintura]. Red Digital de Colecciones de Museos de España (CER.es), Museo de
Cádiz (N.º de inventario CE20079). https://ceres.mcu.es/
Ministerio de Cultura. (s. f.). San Lucas
[Pintura]. Red Digital de Colecciones de Museos de España (CER.es), Museo de
Cádiz (N.º de inventario CE20080). https://ceres.mcu.es/
Romero de Torres, E. (1907-1909) Catálogo de los Monumentos Históricos y
Artísticos de la Provincia de Cádiz. Fotografías - Tomo II. Ministerio de
Cultura (Instituto del Patrimonio Cultural de España, IPCE) y Biblioteca Tomás
Navarro Tomás (CSIC).
