LA FACHADA DE LA IGLESIA DE LA CARTUJA DE NUESTRA SEÑORA DE LA DEFENSIÓN, JEREZ.
Para comprender el funcionamiento didáctico de una iglesia barroca andaluza, es preciso atender a sus estucos, yeserías y pinturas, pero fundamentalmente a sus retablos.
En España, desde fines del siglo
XV, las fachadas comenzaron a mimetizar la decoración de los altares internos
que se elevan hasta las bóvedas. Un ejemplo excepcional y afortunadamente
preservado es la fachada principal de la Iglesia de la Cartuja de Jerez, concebida como un auténtico
retablo de piedra.
Esta joya del barroco ibérico fue
ejecutada durante el segundo priorato de Dom Blas Domínguez (1662-1666) y finalizada, según reza la
inscripción en su segundo cuerpo, en 1667.
Respecto
a su arquitectura, el diseño y realización se deben al arquitecto cartujo Fray Pedro del Piñar, quien también
realizó la crestería barroca de la iglesia y las de los muros del atrio.
En relación con el programa escultórico, aunque Alexandre de Laborde la atribuyó erróneamente a Alonso Cano, las investigaciones de Heliodoro Sancho Corbacho confirman que la obra escultórica pertenece al maestro jerezano Francisco Gálvez, quien se inspiró en los cartujos pintados por Zurbarán.
ESTRUCTURA Y COMPOSICIÓN ARQUITECTÓNICA
El imafronte está precedido por el amplio atrio (de 20 x50 varas, aproximadamente 16,72x 41,8 m) y suelo marmóreo, delimitado por altos muros., rematados con una crestería barroca. La monumental fachada de (16,72 x26,75 m. aproximadamente) se organiza en dos cuerpos y un ático, divididos verticalmente en tres calles mediante el uso de columnas corintias pareadas y tiene planta mixtilínea y dinámica).
EL BANCO O BASAMENTO:
Se apoya sobre un robusto basamento
o zócalo decorado con cuatro relieves, dos de cada uno de estos motivos: el
escudo de los Morla (fundadores del
monasterio y distintivo de la Cartuja jerezana) en los extremos, y el
escudo antiguo de la Orden («de la religión»),
con los símbolos de la Pasión,
en el interior. Entre los blasones se sitúan tres relieves rectangulares que
conforman un tríptico. El situado en el panel del medio es una flor abierta de
múltiples capas de pétalos, rodeada de formas vegetales sinuosas y enmarcada por volutas que le otorgan
sensación de movimiento y dinamismo. Los situados en los paneles laterales son simétricos y representan racimos de
granadas (símbolo de la abundancia,
cuyo fruto rojo se relaciona también con la Pasión) sostenidos por lazos
y cintas de tela. Estos racimos se separan por hojas de acanto.
Cada uno de estos relieves se encuentra contenido dentro de cuarterones o marcos rectangulares rehundidos. Los diferentes niveles de profundidad generan un juego de sombras que contribuye a resaltarlos. El banco se remata con una línea de imposta que sostiene el primer cuerpo.
EL CUERPO
INFERIOR
Sobre esta base se erigen pares de columnas corintias, de fuste acanalado en el tercio inferior y torso en los superiores. Para dotar a la fachada de mayor empaque y estabilidad, Fray Pedro del Piñar añadió en los extremos pilastrones acanalados, creando espacios verticales ornamentados con relieves de grutescos en entre estos y las columnas.
En la calle central destaca la portada del templo cobijada por un arco mayor con frontón circular, en cuyo tímpano se aloja una bellísima escultura de la Inmaculada Concepción.:
La
portada de la iglesia se sitúa en un espacio rehundido en la fachada,
de planta rectangular que cobija las puertas de gran altura y doble hoja. Estas son de caoba acasetonadas con remaches de bronce,
sobre las cuales se sitúa un
vano adintelado, desde el que se accede al templo.
A los lados de ese espacio se
ubican dos hornacinas flanqueadas por pilastras cajeadas toscanas y rematadas con bóvedas de horno
aveneradas. En ellas se sitúan, en el lado del Evangelio, la escultura de San Juan Bautista y, en el lado de la Epístola, la imagen de San Hugo de
Lincoln, ambas apoyadas sobre ménsulas salientes muy decoradas.
En el banco hay sendos relieves de tarjas mixtilíneas con el interior liso y rodeadas de roleos. La decoración de relieves con motivos de roleos se hace muy profusa en el resto de la portada (enjutas de los arcos de las hornacinas, arquitrabes y friso), así como en el dintel de la portada y en el techo, donde la decoración es tan abundante que nos transmite ese horror vacui tan propio de estilos ornamentales recargados.
Sobre el arquitrabe de los lados laterales,
se ubica el escudo distintivo de la Cartuja jerezana, y en el frente dos
ángeles casi exentos de gran dinamismo sostienen el escudo de religión de la
orden cartujana, que se ubica en el tímpano de de este frontón roto, escudo que
está flanqueado por dos animales fantásticos alados y con cola.
Sobre los capiteles de las columnas se desarrolla el entablamento de cuatro bandas que lo diferencia del segundo cuerpo. Este sigue un trazado en zigzag —es decir, con entrantes y salientes—, una ruptura que evita la monotonía y aumenta el concepto teatral de la composición arquitectónica. En estas bandas se alternan los niveles lisos con los cubiertos con bajorrelieves de motivos vegetales y roleos. Se observan bandas de dentículos y frisos con motivos de cuadrados o «dados» que contrastan con la suavidad de las tallas orgánicas. Entre algunos de estos dentículos podemos observar unas piñas en recuerdo del arquitecto autor de la fachada; como ya sabemos, los cartujos son siempre anónimos en sus creaciones, las piñas quedan aquí presentes a modo de firma simbólica.
EL SEGUNDO CUERPO Y EL DESAFÍO GÓTICO
Este nivel presenta una estructura similar, pero de dimensiones reducidas, en este caso las columnas cuyo fuste tiene un grosor menor, y se decoran en el tercio inferior con relieves de ramos vid y racimos de uva (en clara referencia eucarística).
El autor tuvo que solventar problemas dimensionales para adaptar la fachada a la altura del templo gótico preexistente. En la calle central se conserva un rosetón de tracería gótica de la antigua fachada que queda en el fondo de una balconada configurada para resaltarlo. Se utilizó una balaustrada que delimita ópticamente el espacio; el rosetón queda rodeado por un baquetón circular con decoración gótica y muestra en las enjutas unos relieves con motivos de roleos. La decoración exuberante de motivos vegetales (roleos, hojas de acanto y flores) cubre el techo y las paredes del espacio, en el que molduras rectas y escalonadas enmarcan los relieves.
Sobre las calles laterales hay sendas tarjas enmarcadas con volutas vegetales**. El** centro cuenta con un relieve antropomorfo (querubín) en la calle derecha y la inscripción «AÑO», y en la izquierda «1667» (fecha de la finalización de la portada). El segundo cuerpo se remata nuevamente con un entablamento escalonado con cornisas que avanzan y retroceden, y con un frontón curvo partido que lo enlaza con el ático.
Por otra parte, la diferencia de
proporciones entre los elementos se resolvió rompiendo el frontón circular de
este cuerpo, cuyos extremos
sirven de enlace hacia el ático.
ÁTICO Y
CORONAMIENTO
El conjunto culmina con un ático conformado por una hornacina abalconada, flanqueada por pilastras toscanas de fuste acanalado y rematada con un arco de medio punto, rodeada de relieves vegetales y que alberga la efigie de San Bruno. La hornacina queda recercada por una chambrana lisa de varias platabandas que sobresale de dos pares de pilastras rehundidas situadas a los lados con distintos niveles de profundidad, continuando el carácter dinámico de la fachada-retablo.
Arriba hay un sobreático rematado con un frontón circular que enmarca un altorrelieve del Padre Eterno. El
remate final del edificio se corona con tres elegantes jarrones sobre el frontón; la transición entre la hornacina del santo y el
sobreático se suaviza con sendas volutas de tracería calada.
Los jarrones situados sobre el coronamiento del
segundo cuerpo sirven también para suavizar la transición al ático. En los extremos de los cuerpos
se ubican pináculos en forma de copas con tapas rematadas en punta, decorados con motivos vegetales. Este elemento también aparece sobre los
contrafuertes de la iglesia y del refectorio, uniendo los tramos de la tracería
barroca ubicados sobre la fábrica tardogótica.
ICONOGRAFÍA Y
SIMBOLISMO
La fachada funciona como un eje de simetría donde los elementos más relevantes se superponen verticalmente en la calle central, uniendo lo estético (el óculo o rosetón tardogótico) con lo devocional (Inmaculada, San Bruno y Dios Padre).
En las calles laterales, las
hornacinas (cuatro en el primer cuerpo y dos en el segundo) albergan las
estatuas de seis santos cartujos.
Debido a la pérdida de sus atributos iconográficos, su identificación exacta es
compleja hoy día. El enlace visual entre los distintos niveles se soluciona
mediante "aletas" o "orejones" con forma de carnosas
volutas, logrando una transición armónica en el alzado.














