miércoles, 2 de septiembre de 2026

PINTURAS DE ZURBARÁN PARA LA CARTUJA DE JEREZ, ÁNGELES TURIFERARIOS (4ª PARTE).

 LIENZOS DE LOS ÁNGELES TURIFERARIOS DE LA CARTUJA DE JEREZ. ZURBARÁN. MUSEO DE CÁDIZ.




INTRODUCCIÓN Y GENERALIDADES

Francisco de Zurbarán realizó dos pinturas al óleo sobre tabla —rectangulares y rematadas en medio punto, de 122 cm × 66 cm— entre 1637 y 1639, que representan sendos ángeles turiferarios (portadores de incensario) para la Cartuja de Jerez de la Frontera. Tras la desamortización, pasaron a formar parte del Museo de Bellas Artes de Cádiz tras quedar en poder de la Academia de Bellas Artes gaditana; actualmente se conservan en el Museo de Cádiz.

En el ángulo superior izquierdo del reverso del ángel que mira más de frente al espectador, se encontró una inscripción a medio borrar e ilegible en la que aparecía la fecha 1639.

El par de ángeles forma parte de las obras más logradas de su taller; aun así, O. Delenda percibe «ligeras torpezas, principalmente en el dibujo de los pies». En concreto, señala que el segundo ángel (el que inciensa el lado izquierdo del tabernáculo y es un poco más estático) fue «realizado, sin duda, con la ayuda del taller»; Soria no excluye la intervención de un discípulo. Guinard lo considera menos original y expresivo que el cuadro gemelo.

Imágenes de los ángeles turiferarios, tomadas de Romero de Torres, E., 1907

Estudiosos como Benito Navarrete Prieto han analizado la reconstrucción del Sagrario de Jerez y la colocación original de estas tablas —las cuales fueron restauradas por el Instituto del Patrimonio Histórico Español (IPHE) en la década de 1990— junto a la serie de santos y monjes cartujos.

Ponz, al describir la cartuja en 1782, indicaba que los ángeles turiferarios se encontraban en las puertas laterales del retablo que daban acceso al Sagrario. Walter Liedtke considera que originariamente los ángeles turiferarios estaban situados en las puertas de entrada al sagrario, coincidiendo con la postura de Ponz.

Reconstrucción del retablo mayor de la Cartujade Jerez, según Walter Liedtke

César Pemán (siguiendo las mediciones del arquitecto Fernando Cuadra) señaló que —al ser los ángeles de iguales dimensiones que los óleos de los cartujos situados en el pasillo curvo del Sagrario y estar rematados en medio punto— podrían situarse enfrente de San Bruno y el beato Houghton (en otros huecos ubicados justo detrás del retablo mayor), en posición de incensar al Sacramento.

Reconstrucción del retablo del altar mayor de la Cartuja de Jerez, según Cesar Pemán.

Ceán Bermúdez, primero en 1800 y más tarde Alexandre de Laborde en 1807, vieron todavía los ángeles en este lugar, donde fueron instalados en una fecha indeterminada durante una de las modificaciones del siglo XVIII. El inventario del 20 de diciembre de 1820 (depositado en el Archivo Histórico Nacional) describe que en el tránsito (pasillo) que va del altar mayor al Sagrario había: «Un cuadro de lienzo con una pintura de un monje cartujo, y nueve de madera con pinturas de íd. y en ellos dos ángeles con incensario, embutidos en la pared», deduciéndose que ambos fueron trasladados al interior en fecha posterior a la descripción de Ponz y confirmándose la hipótesis de Pemán de que estaban embutidos en la pared, fronteros a San Bruno y al beato John Houghton.

En el plano y esquema de la planta del Sagrario, los ángeles turiferarios están rotulados como «I.- Ángel Turiferario I» y «J.- Ángel Turiferario II», ubicados en el paramento exterior del pasillo del Sagrario, justo enfrente del Sagrario/altar.


Planta del presbiterio y de la capilla del Sagrario de la Cartuja de Jerez, según Navarrete, B. 1996.

Zurbarán siguió «al pie de la letra» las recomendaciones iconográficas del tratado El arte de la pintura, obra póstuma de Francisco Pacheco, que influyó en detalles como representar a los ángeles en edad juvenil (de 10 a 20 años): mancebos sin barba, de rostros hermosos y agraciados, ojos resplandecientes, cabellos rubios y castaños, calzados con coturnos antiguos o descalzos, vistiendo túnicas talares de seda o lino de varios colores que tiren a la candidez y blancura, ceñidos con ricos cinturones con pedrería y con alas de varios colores imitadas del natural.

Zurbarán se sirvió de los numerosos modelos reproducidos en los grabados flamencos del siglo XVI y de principios del siglo XVII como repertorio visual para configurar sus composiciones, poses y soluciones decorativas. Martín Soria señaló la dependencia formal entre el grabado de Pieter de Jode (sobre la composición de Crispín van den Broeck, de su serie de los Hijos de Jacob) como modelo para los Ángeles turiferarios, especialmente en cómo están resueltas las farpas y borlas de la indumentaria.

La fecha de 1639 constata la relación estilística de los ángeles jerezanos con los ángeles de la Flagelación de san Jerónimo de Guadalupe, y su indumentaria se hermana con la de alguno de los modelos de los Hijos de Jacob. La manera de portar el incensario se relaciona con la obra de los Hijos de Jacob de Durham, en concreto con la postura e incensario de Leví (el tercero de los Hijos de Jacob).

Las estampas flamencas sirvieron de modelo para dotar a los adolescentes alados de esa gestualidad refinada, posturas estilizadas y el ademán cortesano de «presentar» las piezas (en lugar de realizar movimientos bruscos).

Pudo inspirarse en modelos reales, particularmente en los monaguillos disfrazados de ángeles que participaban en las procesiones del Corpus Christi en Sevilla. Estos vestían «magníficos trajes de plumas» y ejecutaban pasos de baile con movimientos lentos.

Sus figuras aladas sustituyen la función y estética de los ángeles lampareros de escultura, típicos del ámbito andaluz, que se colocaban a cada lado del Sagrario.

El incensario que sostienen los ángeles fue copiado directamente de un modelo de orfebrería americana de la época, el cual sigue el tipo manierista protobarroco con cartelas en torno a un espejo central y costillas recortadas.

La forma exacta en que los ángeles sostienen y «presentan» el incensario (mantenido con la mano derecha levantada y sujeto por la izquierda, sin balancearse) responde a las reglas rituales litúrgicas precisas sobre cómo debía elevarse el turíbulo para honrar a la Divinidad.

Cabe mencionar también la obra Empyreologia (1652), del jesuita Gabriel de Henao, que imaginaba a los ángeles «con atavíos de dama, las faldas con verdugados y la ropa interior más rica», lo cual refleja la concepción terrenal y cortesana que en el siglo XVII se tenía de las criaturas celestiales.

La representación del ángel turiferario se inspira en el Libro del Apocalipsis (Ap 8, 3-4), donde esta figura se presenta ante el altar celeste con un incensario de oro para ofrecer las oraciones de los santos ante Dios. Asimismo, bebe de las fuentes patrísticas y de las Constituciones Cartujanas sobre la adoración al Santísimo Sacramento, donde los ángeles son representados ejerciendo las funciones de acólitos o sirvientes del altar.

Ambas figuras tienen elementos comunes: portan el incensario, y el humo que emana de este simboliza la oración y las plegarias de los fieles subiendo hacia el cielo, así como la purificación y perfumar el recinto litúrgico.

El lujo de las vestiduras, la riqueza cromática y la belleza idealizada de los ángeles reflejan la majestad de la corte celestial, sirviendo de puente entre el mundo terrenal y el divino. Sus imponentes alas desplegadas a la espalda completan su filiación sobrenatural.

ÁNGEL TURIFERARIO I – LADO DEL EVANGELIO


La obra presenta una disposición marcadamente asimétrica y dinámica que rompe la rigidez mediante una atrevida línea de fuerza en zigzag o en «S», la cual arranca en el ala izquierda, desciende cruzando el torso hacia la pierna descubierta y culmina en el pie adelantado.

La figura se articula mediante un movimiento de contrapposto: el torso y la pierna derecha avanzan hacia el espectador, mientras que el rostro se gira en un marcado perfil de tres cuartos hacia la derecha.


El punto focal principal recae en el rostro sereno y juvenil del ángel, secundado inmediatamente por la mano extendida que sostiene las cadenas del incensario.

En esta tabla predomina claramente el dibujo cerrado y preciso, propio de la formación inicial de Zurbarán y de su faceta de pintor de obrador estatutario. El contorno de la figura se recorta de forma tajante e imponente sobre el fondo oscuro. Las líneas definen con enorme nitidez tanto la anatomía —como se aprecia en la pierna desnuda y el brazo— como la estructura plegada de los ropajes y el perfilado de la joyería con pedrería del cinto.

Zurbarán emplea una gama cromática muy contrastada y reducida a pocos tonos dominantes de gran riqueza. Destaca el intenso amarillo dorado de la túnica, recogida a mitad del muslo mediante un botón de cristal, en contraste directo con el carmesí del corpiño, el azul verdoso de la cinta suspendida del hombro y el azul de los coturnos (sandalias clásicas) con decoración de pasamanería dorada.

El empleo del color combina el naturalismo en la representación fidedigna de las telas (seda, terciopelo y bordados) con una dimensión simbólica, donde el amarillo evoca la luz divina y el carmesí hace referencia a la majestad litúrgica.


El pintor utiliza una luz artificial y fuertemente lateral que entra desde el ángulo superior izquierdo. Este foco lumínico modela los volúmenes mediante un claroscuro acusado, proyectando sombras densas en la parte posterior de la figura y en el fondo. La luz no solo esculpe el cuerpo y los pliegues pesados de la tela, sino que cumple una función jerárquica y dramática al iluminar vívidamente el perfil del rostro, el brazo extendido y la pierna en movimiento.

                                     Ángel turiferario I, tomada de Romero de Torres, E., 1907

Zurbarán renuncia a un fondo paisajístico o arquitectónico detallado y se limita a una simple superposición de planos donde la figura se sitúa en un primer término absoluto sobre una penumbra indefinida. Para generar sensación de profundidad y espacio tridimensional, el artista recurre a leves escorzos en el pie adelantado, en el brazo que sostiene el incensario y en la proyección de las alas hacia la parte posterior.


La factura pictórica es variada según las calidades de los materiales representados. En los ropajes, la carnación del rostro y el calzado se observa una pincelada lisa, apretada y fundida que otorga un aspecto casi escultural a la superficie. En cambio, en zonas como el plumaje irisado de las alas o los brillos metálicos del turíbulo, la pincelada se vuelve sensiblemente más suelta, vibrante y jugosa, demostrando la maestría del pintor extremeño para recrear distintas texturas táctiles a través de la materia pictórica.

ÁNGEL TURIFERARIO II - LADO DE LA EPÍSTOLA


El ángel turiferario del lado de la Epístola presenta una composición asimétrica y un marcado eje vertical. La figura se articula en un leve contrapposto, orientando el torso e inclinando el rostro de tres cuartos hacia su derecha (mirando hacia el lado izquierdo del espectador).


Destaca la diagonal descendente marcada por el brazo derecho extendido que sostiene las cadenas del incensario, la cual se equilibra con la zancada de la pierna derecha adelantada y la ligera caída en pliegues de la túnica rosada.

El foco principal de atención es el rostro apacible e idealizado de la figura, secundado inmediatamente por el juego de las manos que sostienen y guían las cadenas del turíbulo.


Luce una indumentaria rica e idealizada de inspiración cortesana y clásica: corpiño verde rematado con pasamanería y borlas doradas, túnica rosa entallada, fina muselina blanca al cuello y coturnos alados de tono verde con lazadas doradas.

Carece de escenografía terrenal para enfatizar su naturaleza celestial. Zurbarán superpone diversos planos sobre un fondo neutro y oscuro que carece de referencias arquitectónicas o paisajísticas. La profundidad se sugiere mediante el escorzo del brazo extendido, el adelantamiento del pie derecho y el solapamiento de las alas tras la espalda.

Ángel turiferario II, tomada de Romero de Torres, E., 1907
Destaca un claro predominio de la línea (dibujo cerrado) con contornos limpios y nítidos. La silueta del ángel se recorta con gran firmeza y precisión sobre el fondo plano, evidenciando el dominio del trazo en los detalles de las guirnaldas, la botonería del corpiño y la anatomía de los pies.


La luz es marcadamente artificial, irreal y lateral, procedente del lado superior izquierdo. La penumbra envuelve completamente el fondo para proyectar una luz potente sobre el frontal de la figura, iluminando intensamente el rostro, el cuello de muselina y la zona pectoral. Este foco lumínico esculpe el volumen tridimensional de los ropajes, aporta una teatralidad contenida y jerarquiza la vista hacia la cabeza y las manos en acción litúrgica.

El artista emplea una paleta reducida pero fuertemente contrastada y armónica. Destacan el verde del corpiño y el rosa pastel de la túnica inferior y las mangas, complementados por el blanco de la muselina superior y los tonos marfileños de las alas. El color cumple una función plástica y simbólica: la combinación de tonos verdosos y rosados otorga elegancia y delicadeza divina a la figura, mientras recrea de forma naturalista las texturas de sedas y brocados.

Predomina una pincelada lisa, apretada y pulida en el modelado de las carnaciones del rostro, las piernas y los pliegues mayores de la vestimenta. En contraste, la pincelada se vuelve más suelta y descriptiva en el plumaje denso de las alas, los destellos metálicos de los borlones del corpiño y las transparencias del tejido del cuello.

Ambos óleos sobre tabla, concebidos para situarse a la entrada del Sagrario, recordaban a los monjes cartujos la reverencia, dignidad y constante actitud de adoración requeridas ante la presencia del Santísimo Sacramento.

DOCUMENTACIÓN:

Delenda, O. (2011). Así en la Tierra como en el Cielo: Zurbarán y el retablo de la Cartuja de Jerez de la Frontera. Ediciones Remedios 9; Fundación Cajasol, 39-43.

Frati, T. (1988). La obra pictórica de Zurbarán. Editorial Planeta, 103-105

Navarrete, B. (1996). Aportaciones a los Zurbaranes de la Cartuja de Jerez. Archivo Español de Arte, 69(275), 243-261.

Museo de Cádiz. (s. f.). Ángel Turiferario [Pintura de F. de Zurbarán, N.º inv. CE20075]. Red Digital de Colecciones de Museos de España (CERES). Ministerio de Cultura. Recuperado el 16 de agosto de 2026, de https://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=142821&inventary=CE20075&table=FMUS&museum=MCA

Museo de Cádiz. (s. f.). Ángel Turiferario [Pintura de F. de Zurbarán, N.º inv. CE20076]. Red Digital de Colecciones de Museos de España (CERES). Ministerio de Cultura. Recuperado el 16 de agosto de 2026, de https://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=142822&inventary=CE20076&table=FMUS&museum=MCA

Romero de Torres, E. (1907-1909) Catálogo de los Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Cádiz. Fotografías - Tomo II. Ministerio de Cultura (Instituto del Patrimonio Cultural de España, IPCE) y Biblioteca Tomás Navarro Tomás (CSIC).

martes, 11 de agosto de 2026

PINTURAS DE ZURBARÁN PARA LA CARTUJA DE JEREZ, LOS EVANGELISTAS (3ª PARTE).

LIENZOS DE LOS CUATRO EVANGELISTAS DEL RETABLO MAYOR DE LA CARTUJA DE JEREZ. ZURBARÁN. MUSEO DE CÁDIZ

Lienzos de los evangelistas, en el museo de Cádiz.
Zurbarán realizó para el retablo mayor de la Cartuja de Santa María de la Defensión, además, cuatro pequeños lienzos con la representación de los evangelistas. Un documento del 25 de diciembre de 1820 revela que unos exmonjes denunciaron que el marqués de Mérito se había llevado del monasterio varios cuadros de valor, «con especialidad cuatro de los evangelistas». A pesar de que se le enviaron órdenes oficiales para entregarlos y poder inventariarlos, el marqués hizo caso omiso.

En el inventario de 1835 estas obras se describen como lienzos de «un poquito de apaisado» y «pintados de 3/4 sin cuadro». Al estar situados en zonas elevadas y menos visibles, no tienen el protagonismo de las piezas principales, las cuales son de calidad más alta.

Tras el proceso de la desamortización de 1835, las obras fueron rescatadas por la Academia de Bellas Artes gaditana y hoy se custodian de forma definitiva en el Museo de Cádiz.

Según Odile Delenda, Zurbarán, sobrecargado de trabajo, confió su ejecución a sus mejores colaboradores. La distribución de los lienzos en el retablo es bastante discutible; a continuación, os dejo dos de las posibles localizaciones.

César Pemán: advirtió que San Juan y San Mateo miden 65 cm de alto, mientras que San Lucas y San Marcos miden 55 cm. Propuso que los más altos iban en el segundo cuerpo y los más bajos en el primero, y los asoció por la temática de sus evangelios:

·        San Mateo (65 cm): al ser el único que describe la Adoración de los Magos, se colocaría encima de la Adoración de los Magos (segundo cuerpo).

·      San Juan (65 cm): como no relata episodios de la infancia de Cristo, iría sobre el Nacimiento (segundo cuerpo).

·        San Lucas (55 cm): al ser el narrador de la Anunciación, se situó sobre ella (primer cuerpo).

·        San Marcos (55 cm): fue ubicado sobre la escena de la Circuncisión (primer cuerpo).

Reconstrucción del retablo por Waltrr Liedtke
Walter Liedtke, en 1988, coincidió con el criterio de emparejarlos y ordenarlos según su tamaño por encima de cada cuadro, agrupando y confrontando a los que miran a la derecha y a la izquierda.

En el segundo cuerpo, en el  lado del evangelio, el San Juan (65 x 63 cm) coronaba la Anunciación y el  San Mateo (65 x 63 cm), coronaba  la Adoración de los pastores en el  lado de la Epístola.

En el primer cuerpo, del lado de la epístola, el San Lucas (55 x 53 cm) se encontraba bajo  la Circuncisión, y San Marcos (55 x 53 cm), a la derecha, bajo la Adoración de los Magos.

Hipótesis de Jeannine Baticle: señaló la dificultad de que estuvieran colocados entre los grandes cuadros de Grenoble (las calles laterales) y afirmó también que tanto San Lorenzo como San Juan Bautista estarían ubicados sobre las puertas de acceso al sagrario.

Reconstrucción del retablo mayor por Enrique Valdevieso.
Sobre las fuentes en las que se inspira Zurbarán en estas obras, el historiador Serrera señaló que el pintor tiene una evidente deuda con las estampas realizadas en 1539 por el grabador alemán Aldegrever. Específicamente, San Juan Evangelista y San Mateo proceden literalmente de las estampas de este grabador.


San Juan (Delenda O., 2011, p.87)

San Mateo (Delenda O., 2011, p.87)
En el caso particular de San Mateo, la copia es muy clara, con la diferencia de que Zurbarán sustituyó las nubes y el nimbo que aparecían en el grabado original por un bello paisaje de su propio sello.

San Marcos ( Delenda O., 2011, p. 88)

San Lucas de Heinric  Aldegrever

Estilísticamente, presentan paisajes muy estrechamente relacionados con los de Los Hijos de Jacob de Durham, caracterizados por una gran luminosidad, masas boscosas de tonalidad verde oliva y una técnica "quasi impresionista" con pequeñas pinceladas punteadas.

Los colores son más bien vivos (rojos, anaranjados o malvas) para San Juan y San Mateo, y atenuados en los verdes y los pardos para San Marcos y San Lucas.

SAN JUAN EVANGELISTA


Realizado por el taller de Francisco de Zurbarán entre 1637-1639

Óleo sobre lienzo. Altura = 65 cm; Anchura = 63 cm

ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:

El lienzo se encuentra en el Museo de Cádiz desde 1836. Según Soria, los cuatro evangelistas serían obra de taller; Guinard opina que fueron realizados con la colaboración de un discípulo. Odile Delenda afirma que Zurbarán confió su ejecución a sus mejores colaboradores.

San Juan (Romero de Torres, s. f., lámina 118)

San Juan ( Delenda O., 2011, p.87)
TEMA Y COMPOSICIÓN:

Representa al evangelista sentado, girado en tres cuartos y con la mirada elevada hacia el ángulo superior derecho del cuadro, donde observa el resplandor dorado que hay en el cielo. Sostiene un libro y una pluma en actitud de escribir su evangelio. Se trata de la representación clásica del evangelista, al que se le suele representar con un libro, una pluma y, a menudo, con un águila (su símbolo tradicional). La mirada de San Juan hacia arriba sugiere que está recibiendo inspiración divina para su redacción. La luz que parece provenir de arriba podría simbolizar esta inspiración.

El dibujo es realista, con atención al detalle en los rasgos faciales, la anatomía y los pliegues de la vestidura. Las líneas son firmes y precisas, definiendo claramente las formas. La expresión de San Juan es de contemplación y arrobamiento, con la mirada dirigida hacia arriba. La postura de sus manos, sosteniendo la pluma y el libro, transmite su dedicación a la escritura.


La figura de San Juan ocupa la mayor parte de la composición, ligeramente descentrada hacia la izquierda. El libro abierto que sostiene en sus manos forma una línea diagonal que guía la atención hacia su rostro y luego hacia arriba, siguiendo su mirada.

La composición está equilibrada por la presencia de otros elementos, como el árbol a la izquierda y el paisaje en el fondo, a la derecha. El águila, símbolo de San Juan, también contribuye al equilibrio de la imagen; esta se sitúa a sus pies, en el ángulo inferior derecho del lienzo.

Al fondo, una arboleda y, detrás del santo, un tronco de árbol en la penumbra crean una sensación de profundidad, aunque no de forma muy pronunciada.

San Juan viste capa roja y túnica verde. El rojo de la capa podría simbolizar el martirio o la pasión, mientras que el verde oscuro de la vestidura interior podría representar la esperanza o la renovación. Señala Enrique Valdivieso, en relación al tratamiento de los pliegues de la capa que viste esta figura: «...se nota la habilidad propia del artista en el plegado de las telas de la capa, que es realmente notable».

Predominan los colores cálidos y terrosos, con toques de verde y azul. El rojo vibrante de la capa de San Juan resalta sobre el fondo oscuro y neutro, atrayendo la atención hacia la figura central.


La iluminación llega desde la izquierda y parece provenir de una fuente exterior (posiblemente la misma que inspira al santo); esta incide especialmente en el antebrazo derecho de la figura y en el perfil de su rostro. Esto crea contrastes sutiles entre luces y sombras, resaltando la textura de las vestiduras y los rasgos faciales.

El sombreado se utiliza para crear volumen y tridimensionalidad en la figura y los objetos. Es especialmente notable en los pliegues de la túnica y en el modelado del rostro.

La profundidad se crea principalmente a través de la superposición de objetos y la disminución del tamaño de los elementos en el fondo. No se utiliza una perspectiva geométrica rigurosa.

El enfoque principal está en la figura de San Juan, con el fondo ligeramente desenfocado para no distraer la atención del asunto principal.

El punto de vista es ligeramente bajo, lo que da a la figura de San Juan cierta monumentalidad y resalta su conexión con el cielo.

SAN MATEO


Realizado por el taller de Francisco de Zurbarán entre 1637-1639

Óleo sobre lienzo. Altura = 65 cm; Anchura = 63 cm

ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:

El lienzo se encuentra en el Museo de Cádiz desde 1836. Como para los lienzos de los evangelistas, repetimos aquí las conclusiones de Soria, que afirma que serían obra de taller; Guinard que dice que fueron realizados con la colaboración de un discípulo, y de Odile Delenda que afirma que Zurbarán confió su ejecución a sus mejores colaboradores.

Varios estudiosos han visto la correspondencia que hay entre el rostro del ángel y el de la figura de San Juan Evangelista. En cuanto a la ejecución del ángel simbólico, César Pemán advierte tambien la intervención de un discípulo de Zurbarán.

San Mateo (Romero de Torres, s. f., lámina 119)

San Mateo (Delenda O., 2011, p.87)
TEMA Y COMPOSICIÓN:

La obra representa a San Mateo Evangelista en el momento de la inspiración de su evangelio. El tema sigue la iconografía tradicional cristiana: el evangelista es retratado como un hombre maduro y barbado, lleva en su mano izquierda el libro del Evangelio apoyado sobre la rodilla, acompañado por su atributo o símbolo del Tetramorfos, que es un ángel, la interacción entre ambos muestra el diálogo místico y la transmisión de la palabra divina, donde el ángel parece dictar o guiar la escritura del santo.  El ángel, que dirige su mirada al Evangelista, sostiene una filacteria y viste túnica rosada.

El Evangelista sentado, está girado de tres cuartos hacia el ángulo inferior derecho del cuadro donde se encuentra la figura del ángel simbólico.


La composición es cerrada, robusta y fuertemente asimétrica, dominada por la monumentalidad de las dos figuras. Existe una clara línea diagonal que va desde el brazo extendido de San Mateo en la esquina superior izquierda, cruzando su cuerpo hasta la figura del ángel en la parte inferior derecha.

Los cuerpos crean un juego de miradas y giros (un leve contrapposto en el santo). Mientras Mateo gira la cabeza hacia el ángel buscando inspiración, su mano abierta hacia el exterior parece un gesto de recepción o explicación de las escrituras.

Los personajes ocupan casi la totalidad del espacio pictórico, lo que genera una sensación de cercanía e intimidad en la escena.

El dibujo es firme y define con claridad los contornos, pero destaca especialmente el modelado volumétrico de las telas. Los pliegues de los mantos son pesados, rotundos y casi escultóricos, lo que otorga una gran corporeidad y peso físico a los personajes.

Hay un tratamiento naturalista y expresivo, visible en la fuerza de las manos del evangelista, la textura desordenada de su barba y cabello, y el rostro de perfil más idealizado y suave del ángel.

La paleta de colores es cálida, algo sobria pero con contrastes lumínicos potentes. Destaca el uso del ocre/amarillo tostado en el manto de San Mateo, que capta la mayor atención visual, combinado con los tonos grisáceos y violáceos de su túnica inferior. El ángel viste una túnica de un rosa pálido o asalmonado que suaviza su figura.


La iluminación, propia del claroscuro barroco, la luz incide directamente desde el lado izquierdo, iluminando el rostro, el brazo extendido y los pliegues superiores del manto de San Mateo, mientras deja zonas en penumbra y proyecta sombras densas en los fondos, acentuando el dramatismo y el volumen.

La perspectiva geométrica apenas tiene relevancia. Zurbarán opta por un fondo oscuro y abocetado, con una sutil insinuación de naturaleza o celaje nuboso a la derecha, para evitar distracciones y concentrar toda la atención en las figuras.

La sensación de profundidad no se logra mediante líneas de fuga, sino a través de la superposición de planos (el ángel ligeramente por delante o al lado, el santo en plano principal, y el fondo detrás) y el uso de la luz, que empuja a los personajes hacia el espectador.

SAN MARCOS


Realizado por el taller de Francisco de Zurbarán entre 1637-1639

Óleo sobre lienzo. Altura = 55 cm; Anchura = 53 cm.

ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:

El lienzo se encuentra en el Museo de Cádiz desde 1836 y forma parte del grupo de los cuatro evangelistas destinados al retablo de la Cartuja jerezana. Como para todos los lienzos de los evangelistas, Zurbarán se inspiró en los grabados del alemán Aldegrever; sin embargo, esta influencia es bastante menor en el caso de San Marcos. Así, orienta al evangelista hacia la izquierda, aunque sigue colocando al simbólico león en el ángulo inferior derecho de la obra.

San Mateo (Romero de Torres, s. f., lámina 119)San Marcos (Romero de Torres, s. f., lámina 120), hay un error en la asignación del título a la obra, debería ser el 121.

San Marcos (Delenda O., 2011, p. 88)

TEMA Y COMPOSICIÓN:

San Marcos aparece representado en su faceta evangélica, sentado y apoyado contra el tronco de un árbol en actitud de redactar el Evangelio en un libro abierto sobre sus rodillas. Lleva sobre la cabeza un nimbo imperceptible a primera vista, indicativo de su santidad. En el ángulo inferior derecho, sumergido en la penumbra, se distingue la cabeza del león simbólico (el tetramorfos que lo identifica). Es una iconografía clásica que subraya la inspiración divina y la autoridad de los textos sagrados.

Al igual que ocurre con San Lucas, este lienzo presenta una calidad menor que la de los dos primeros evangelistas, San Juan y San Mateo. Zurbarán dota de realidad y naturalismo a la figura, con un inteligente empleo del color y la luz para proporcionar el volumen que hace corpóreo al protagonista del lienzo.


La composición es piramidal y recortada en un formato casi cuadrado (55 × 53 cm). Zurbarán arquea e inclina ligeramente la mitad superior del cuerpo del santo hacia abajo para reforzar la concentración visual en el acto sagrado de la escritura. La composición guarda una estrecha relación y semejanza directa con el lienzo hermano de San Lucas, compartiendo la misma disposición del personaje, la actitud de estudio y el tratamiento del paisaje del fondo.

La paleta de colores es la típica de la sobriedad zurbaranesca. Destaca el intenso verde de la túnica del santo, que domina el primer plano, contrastando con el tono rosado violáceo suave de su manto. Estos colores están saturados, pero contenidos. El fondo utiliza tierras y verdes oscuros, creando un ambiente austero.

Zurbarán emplea un tenebrismo moderado donde la luz incide de lleno en la calva del santo, su rostro pensativo, las manos y las hojas del libro, dejando las zonas secundarias —como el tronco del árbol y la cabeza del león— en una sombra gradual, lo que añade dramatismo e introspección a la escena.

La perspectiva no es el elemento fundamental, ya que la escena se centra en primer plano en la figura. Sin embargo, hay una clara sugerencia de profundidad espacial a través de la perspectiva atmosférica en el paisaje de fondo a la izquierda. Las colinas boscosas se difuminan en tonos grisáceos y azulados, creando una sensación de distancia y espacio al aire libre, un «desierto» simbólico donde el santo se retira a escribir.

El fondo rompe el oscurantismo plano mediante un sutil celaje matutino o vespertino y una masa vegetativa lateral (un árbol a la derecha y vegetación abocetada a la izquierda). Este paisaje de fondo proporciona aireación y profundidad atmosférica a la escena, alejándose de los fondos completamente neutros de otros retratos de santos de la primera época del artista.

El dibujo destaca por su nitidez y firmeza en los pliegues pesados y escultóricos de las telas, un rasgo inconfundible del artista. Hay una marcada atención a la anatomía senil (barba cana, ceño fruncido, frente arrugada) y a la plasmación del libro y la pluma, que dotan a la escena de una gran inmediatez cotidiana y espiritualidad austera.

SAN LUCAS


Realizado por el taller de Francisco de Zurbarán entre 1637-1639

Óleo sobre lienzo. Altura = 55 cm; Anchura = 53 cm.

ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:

El lienzo se encuentra en el Museo de Cádiz desde 1836 y también forma parte del grupo de los cuatro evangelistas destinados al retablo mayor de la Cartuja jerezana. El historiador Enrique Valdivieso, señaló en 1988, respecto a esta obra: “En la realización de este evangelista, al igual que en la de sus tres compañeros, se advierte una calidad inferior a la que normalmente refleja Zurbarán en sus pinturas, aspecto que induce a considerarla como obra de taller.”

San Lucas (Romero de Torres, s. f., lámina 121), hay un error en la asignación del título a la obra, debería ser el 120.

San Lucas de Heinric  Aldegrever

TEMA Y COMPOSICIÓN:

San Lucas se representa sentado al pie de un tronco de árbol, como San Marcos, pero mirando hacia el lado opuesto. De la misma forma, se encuentra en actitud de escribir el libro del Evangelio que apoya en su rodilla; el libro abierto y la pluma en su mano sugieren la redacción del texto sagrado en la tranquilidad de la naturaleza. En el ángulo inferior derecho del lienzo aparece la cabeza del toro simbólico. El fondo lo constituye un paisaje luminoso en el que se observa un lejano montículo.

La figura principal ocupa la mayor parte del encuadre, formando un triángulo o pirámide visual muy sólida, un recurso clásico que transmite estabilidad, peso y solemnidad. A la izquierda, el grueso tronco del árbol actúa como un marco vertical que frena la mirada del espectador dentro del cuadro. A la derecha, el ángulo del libro abierto y la mirada inclinada de la figura guían la atención hacia la zona del paisaje. San Lucas se sitúa muy cerca del primer plano (monumentalidad), dando la sensación de una presencia física imponente en un encuadre cerrado.


Zurbarán utiliza la perspectiva aérea para lograr la sensación de profundidad a través de la gradación cromática del fondo. Las colinas del fondo a la derecha adquieren tonos verdosos y grisáceos más pálidos para simular la distancia y el aire interpuesto; así podemos ver hasta cuatro planos solapados: en el primero, el manto rosa/violeta sobre sus piernas; en un segundo plano, la figura de San Lucas, la túnica amarilla/dorada y el libro; el árbol a la izquierda y el paisaje con vegetación constituyen el tercero de los planos; y, al fondo, las montañas lejanas y el cielo claro.


Las prendas caídas y los pliegues abultados generan volumen real y sensación de peso corporal sobre el asiento. El realismo propio del Barroco se muestra en el dominio del modelado anatómico: la cabeza calva con barba poblada, el rostro ceñudo y concentrado, y las manos articuladas con precisión (especialmente la que sostiene la pluma). El tratamiento del drapeado de las telas, con pliegues amplios y pesados, aporta volumetría y sentido escultórico a la figura.


La fuente de luz incide desde la izquierda y desde arriba, iluminando fuertemente el hombro, la calva y las páginas del libro, y generando profundas sombras en el rostro (acentuando la ceja y la mirada) y en la parte posterior del manto, lo que aporta expresividad y volumen.

Respecto al colorido, destaca la calidez del color ocre/amarillo dorado de la túnica principal, que capta la mayor cantidad de luz y contrasta suavemente con el rosa/púrpura del manto inferior, lo que aporta riqueza tonal. Además, se utilizan colores neutros en los fondos: tonos oscuros de tierra, verde oliva y grises en la naturaleza.

DOCUMENTACIÓN:

Delenda, O. (2011). Así en la Tierra como en el Cielo: Zurbarán y el retablo de la Cartuja de Jerez de la Frontera. Ediciones Remedios 9; Fundación Cajasol.

Frati, T. (1988). La obra pictórica de Zurbarán. Editorial Planeta, 103-105

Navarrete, B. (1996). Aportaciones a los Zurbaranes de la Cartuja de Jerez. Archivo Español de Arte, 69(275), 243-261.

Ministerio de Cultura. (s.f.). San Juan Evangelista [Ficha de inventario n.º CE20077]. Museo de Cádiz. Red de Museos de España (CER.es). https://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=142823&inventary=CE20077&table=FMUS&museum=MCA

Ministerio de Cultura. (s. f.). San Mateo [Pintura]. Red Digital de Colecciones de Museos de España (CER.es), Museo de Cádiz (N.º de inventario CE20078). https://ceres.mcu.es/

Ministerio de Cultura. (s. f.). San Marcos [Pintura]. Red Digital de Colecciones de Museos de España (CER.es), Museo de Cádiz (N.º de inventario CE20079). https://ceres.mcu.es/

Ministerio de Cultura. (s. f.). San Lucas [Pintura]. Red Digital de Colecciones de Museos de España (CER.es), Museo de Cádiz (N.º de inventario CE20080). https://ceres.mcu.es/

Romero de Torres, E. (1907-1909) Catálogo de los Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Cádiz. Fotografías - Tomo II. Ministerio de Cultura (Instituto del Patrimonio Cultural de España, IPCE) y Biblioteca Tomás Navarro Tomás (CSIC).

PINTURAS DE ZURBARÁN PARA LA CARTUJA DE JEREZ, ÁNGELES TURIFERARIOS (4ª PARTE).

  LIENZOS DE LOS Á NGELES TURIFERARIOS DE LA CARTUJA DE JEREZ. ZURBAR ÁN. MUSEO DE CÁDIZ. INTRODUCCIÓN Y GENERALIDADES Francisco de Zurb...