martes, 11 de agosto de 2026

PINTURAS DE ZURBARÁN PARA LA CARTUJA DE JEREZ, LOS EVANGELISTAS (3ª PARTE).

LIENZOS DE LOS CUATRO EVANGELISTAS DEL RETABLO MAYOR DE LA CARTUJA DE JEREZ. ZURBARÁN. MUSEO DE CÁDIZ

Lienzos de los evangelistas, en el museo de Cádiz.
Zurbarán realizó para el retablo mayor de la Cartuja de Santa María de la Defensión, además, cuatro pequeños lienzos con la representación de los evangelistas. Un documento del 25 de diciembre de 1820 revela que unos exmonjes denunciaron que el marqués de Mérito se había llevado del monasterio varios cuadros de valor, «con especialidad cuatro de los evangelistas». A pesar de que se le enviaron órdenes oficiales para entregarlos y poder inventariarlos, el marqués hizo caso omiso.

En el inventario de 1835 estas obras se describen como lienzos de «un poquito de apaisado» y «pintados de 3/4 sin cuadro». Al estar situados en zonas elevadas y menos visibles, no tienen el protagonismo de las piezas principales, las cuales son de calidad más alta.

Tras el proceso de la desamortización de 1835, las obras fueron rescatadas por la Academia de Bellas Artes gaditana y hoy se custodian de forma definitiva en el Museo de Cádiz.

Según Odile Delenda, Zurbarán, sobrecargado de trabajo, confió su ejecución a sus mejores colaboradores. La distribución de los lienzos en el retablo es bastante discutible; a continuación, os dejo dos de las posibles localizaciones.

César Pemán: advirtió que San Juan y San Mateo miden 65 cm de alto, mientras que San Lucas y San Marcos miden 55 cm. Propuso que los más altos iban en el segundo cuerpo y los más bajos en el primero, y los asoció por la temática de sus evangelios:

·        San Mateo (65 cm): al ser el único que describe la Adoración de los Magos, se colocaría encima de la Adoración de los Magos (segundo cuerpo).

·      San Juan (65 cm): como no relata episodios de la infancia de Cristo, iría sobre el Nacimiento (segundo cuerpo).

·        San Lucas (55 cm): al ser el narrador de la Anunciación, se situó sobre ella (primer cuerpo).

·        San Marcos (55 cm): fue ubicado sobre la escena de la Circuncisión (primer cuerpo).

Reconstrucción del retablo por Waltrr Liedtke
Walter Liedtke, en 1988, coincidió con el criterio de emparejarlos y ordenarlos según su tamaño por encima de cada cuadro, agrupando y confrontando a los que miran a la derecha y a la izquierda.

En el segundo cuerpo, en el  lado del evangelio, el San Juan (65 x 63 cm) coronaba la Anunciación y el  San Mateo (65 x 63 cm), coronaba  la Adoración de los pastores en el  lado de la Epístola.

En el primer cuerpo, del lado de la epístola, el San Lucas (55 x 53 cm) se encontraba bajo  la Circuncisión, y San Marcos (55 x 53 cm), a la derecha, bajo la Adoración de los Magos.

Hipótesis de Jeannine Baticle: señaló la dificultad de que estuvieran colocados entre los grandes cuadros de Grenoble (las calles laterales) y afirmó también que tanto San Lorenzo como San Juan Bautista estarían ubicados sobre las puertas de acceso al sagrario.

Reconstrucción del retablo mayor por Enrique Valdevieso.
Sobre las fuentes en las que se inspira Zurbarán en estas obras, el historiador Serrera señaló que el pintor tiene una evidente deuda con las estampas realizadas en 1539 por el grabador alemán Aldegrever. Específicamente, San Juan Evangelista y San Mateo proceden literalmente de las estampas de este grabador.


San Juan (Delenda O., 2011, p.87)

San Mateo (Delenda O., 2011, p.87)
En el caso particular de San Mateo, la copia es muy clara, con la diferencia de que Zurbarán sustituyó las nubes y el nimbo que aparecían en el grabado original por un bello paisaje de su propio sello.

San Marcos ( Delenda O., 2011, p. 88)

San Lucas de Heinric  Aldegrever

Estilísticamente, presentan paisajes muy estrechamente relacionados con los de Los Hijos de Jacob de Durham, caracterizados por una gran luminosidad, masas boscosas de tonalidad verde oliva y una técnica "quasi impresionista" con pequeñas pinceladas punteadas.

Los colores son más bien vivos (rojos, anaranjados o malvas) para San Juan y San Mateo, y atenuados en los verdes y los pardos para San Marcos y San Lucas.

SAN JUAN EVANGELISTA


Realizado por el taller de Francisco de Zurbarán entre 1637-1639

Óleo sobre lienzo. Altura = 65 cm; Anchura = 63 cm

ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:

El lienzo se encuentra en el Museo de Cádiz desde 1836. Según Soria, los cuatro evangelistas serían obra de taller; Guinard opina que fueron realizados con la colaboración de un discípulo. Odile Delenda afirma que Zurbarán confió su ejecución a sus mejores colaboradores.

San Juan (Romero de Torres, s. f., lámina 118)

San Juan ( Delenda O., 2011, p.87)
TEMA Y COMPOSICIÓN:

Representa al evangelista sentado, girado en tres cuartos y con la mirada elevada hacia el ángulo superior derecho del cuadro, donde observa el resplandor dorado que hay en el cielo. Sostiene un libro y una pluma en actitud de escribir su evangelio. Se trata de la representación clásica del evangelista, al que se le suele representar con un libro, una pluma y, a menudo, con un águila (su símbolo tradicional). La mirada de San Juan hacia arriba sugiere que está recibiendo inspiración divina para su redacción. La luz que parece provenir de arriba podría simbolizar esta inspiración.

El dibujo es realista, con atención al detalle en los rasgos faciales, la anatomía y los pliegues de la vestidura. Las líneas son firmes y precisas, definiendo claramente las formas. La expresión de San Juan es de contemplación y arrobamiento, con la mirada dirigida hacia arriba. La postura de sus manos, sosteniendo la pluma y el libro, transmite su dedicación a la escritura.


La figura de San Juan ocupa la mayor parte de la composición, ligeramente descentrada hacia la izquierda. El libro abierto que sostiene en sus manos forma una línea diagonal que guía la atención hacia su rostro y luego hacia arriba, siguiendo su mirada.

La composición está equilibrada por la presencia de otros elementos, como el árbol a la izquierda y el paisaje en el fondo, a la derecha. El águila, símbolo de San Juan, también contribuye al equilibrio de la imagen; esta se sitúa a sus pies, en el ángulo inferior derecho del lienzo.

Al fondo, una arboleda y, detrás del santo, un tronco de árbol en la penumbra crean una sensación de profundidad, aunque no de forma muy pronunciada.

San Juan viste capa roja y túnica verde. El rojo de la capa podría simbolizar el martirio o la pasión, mientras que el verde oscuro de la vestidura interior podría representar la esperanza o la renovación. Señala Enrique Valdivieso, en relación al tratamiento de los pliegues de la capa que viste esta figura: «...se nota la habilidad propia del artista en el plegado de las telas de la capa, que es realmente notable».

Predominan los colores cálidos y terrosos, con toques de verde y azul. El rojo vibrante de la capa de San Juan resalta sobre el fondo oscuro y neutro, atrayendo la atención hacia la figura central.


La iluminación llega desde la izquierda y parece provenir de una fuente exterior (posiblemente la misma que inspira al santo); esta incide especialmente en el antebrazo derecho de la figura y en el perfil de su rostro. Esto crea contrastes sutiles entre luces y sombras, resaltando la textura de las vestiduras y los rasgos faciales.

El sombreado se utiliza para crear volumen y tridimensionalidad en la figura y los objetos. Es especialmente notable en los pliegues de la túnica y en el modelado del rostro.

La profundidad se crea principalmente a través de la superposición de objetos y la disminución del tamaño de los elementos en el fondo. No se utiliza una perspectiva geométrica rigurosa.

El enfoque principal está en la figura de San Juan, con el fondo ligeramente desenfocado para no distraer la atención del asunto principal.

El punto de vista es ligeramente bajo, lo que da a la figura de San Juan cierta monumentalidad y resalta su conexión con el cielo.

SAN MATEO


Realizado por el taller de Francisco de Zurbarán entre 1637-1639

Óleo sobre lienzo. Altura = 65 cm; Anchura = 63 cm

ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:

El lienzo se encuentra en el Museo de Cádiz desde 1836. Como para los lienzos de los evangelistas, repetimos aquí las conclusiones de Soria, que afirma que serían obra de taller; Guinard que dice que fueron realizados con la colaboración de un discípulo, y de Odile Delenda que afirma que Zurbarán confió su ejecución a sus mejores colaboradores.

Varios estudiosos han visto la correspondencia que hay entre el rostro del ángel y el de la figura de San Juan Evangelista. En cuanto a la ejecución del ángel simbólico, César Pemán advierte tambien la intervención de un discípulo de Zurbarán.

San Mateo (Romero de Torres, s. f., lámina 119)

San Mateo (Delenda O., 2011, p.87)
TEMA Y COMPOSICIÓN:

La obra representa a San Mateo Evangelista en el momento de la inspiración de su evangelio. El tema sigue la iconografía tradicional cristiana: el evangelista es retratado como un hombre maduro y barbado, lleva en su mano izquierda el libro del Evangelio apoyado sobre la rodilla, acompañado por su atributo o símbolo del Tetramorfos, que es un ángel, la interacción entre ambos muestra el diálogo místico y la transmisión de la palabra divina, donde el ángel parece dictar o guiar la escritura del santo.  El ángel, que dirige su mirada al Evangelista, sostiene una filacteria y viste túnica rosada.

El Evangelista sentado, está girado de tres cuartos hacia el ángulo inferior derecho del cuadro donde se encuentra la figura del ángel simbólico.


La composición es cerrada, robusta y fuertemente asimétrica, dominada por la monumentalidad de las dos figuras. Existe una clara línea diagonal que va desde el brazo extendido de San Mateo en la esquina superior izquierda, cruzando su cuerpo hasta la figura del ángel en la parte inferior derecha.

Los cuerpos crean un juego de miradas y giros (un leve contrapposto en el santo). Mientras Mateo gira la cabeza hacia el ángel buscando inspiración, su mano abierta hacia el exterior parece un gesto de recepción o explicación de las escrituras.

Los personajes ocupan casi la totalidad del espacio pictórico, lo que genera una sensación de cercanía e intimidad en la escena.

El dibujo es firme y define con claridad los contornos, pero destaca especialmente el modelado volumétrico de las telas. Los pliegues de los mantos son pesados, rotundos y casi escultóricos, lo que otorga una gran corporeidad y peso físico a los personajes.

Hay un tratamiento naturalista y expresivo, visible en la fuerza de las manos del evangelista, la textura desordenada de su barba y cabello, y el rostro de perfil más idealizado y suave del ángel.

La paleta de colores es cálida, algo sobria pero con contrastes lumínicos potentes. Destaca el uso del ocre/amarillo tostado en el manto de San Mateo, que capta la mayor atención visual, combinado con los tonos grisáceos y violáceos de su túnica inferior. El ángel viste una túnica de un rosa pálido o asalmonado que suaviza su figura.


La iluminación, propia del claroscuro barroco, la luz incide directamente desde el lado izquierdo, iluminando el rostro, el brazo extendido y los pliegues superiores del manto de San Mateo, mientras deja zonas en penumbra y proyecta sombras densas en los fondos, acentuando el dramatismo y el volumen.

La perspectiva geométrica apenas tiene relevancia. Zurbarán opta por un fondo oscuro y abocetado, con una sutil insinuación de naturaleza o celaje nuboso a la derecha, para evitar distracciones y concentrar toda la atención en las figuras.

La sensación de profundidad no se logra mediante líneas de fuga, sino a través de la superposición de planos (el ángel ligeramente por delante o al lado, el santo en plano principal, y el fondo detrás) y el uso de la luz, que empuja a los personajes hacia el espectador.

SAN MARCOS


Realizado por el taller de Francisco de Zurbarán entre 1637-1639

Óleo sobre lienzo. Altura = 55 cm; Anchura = 53 cm.

ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:

El lienzo se encuentra en el Museo de Cádiz desde 1836 y forma parte del grupo de los cuatro evangelistas destinados al retablo de la Cartuja jerezana. Como para todos los lienzos de los evangelistas, Zurbarán se inspiró en los grabados del alemán Aldegrever; sin embargo, esta influencia es bastante menor en el caso de San Marcos. Así, orienta al evangelista hacia la izquierda, aunque sigue colocando al simbólico león en el ángulo inferior derecho de la obra.

San Mateo (Romero de Torres, s. f., lámina 119)San Marcos (Romero de Torres, s. f., lámina 120), hay un error en la asignación del título a la obra, debería ser el 121.

San Marcos (Delenda O., 2011, p. 88)

TEMA Y COMPOSICIÓN:

San Marcos aparece representado en su faceta evangélica, sentado y apoyado contra el tronco de un árbol en actitud de redactar el Evangelio en un libro abierto sobre sus rodillas. Lleva sobre la cabeza un nimbo imperceptible a primera vista, indicativo de su santidad. En el ángulo inferior derecho, sumergido en la penumbra, se distingue la cabeza del león simbólico (el tetramorfos que lo identifica). Es una iconografía clásica que subraya la inspiración divina y la autoridad de los textos sagrados.

Al igual que ocurre con San Lucas, este lienzo presenta una calidad menor que la de los dos primeros evangelistas, San Juan y San Mateo. Zurbarán dota de realidad y naturalismo a la figura, con un inteligente empleo del color y la luz para proporcionar el volumen que hace corpóreo al protagonista del lienzo.


La composición es piramidal y recortada en un formato casi cuadrado (55 × 53 cm). Zurbarán arquea e inclina ligeramente la mitad superior del cuerpo del santo hacia abajo para reforzar la concentración visual en el acto sagrado de la escritura. La composición guarda una estrecha relación y semejanza directa con el lienzo hermano de San Lucas, compartiendo la misma disposición del personaje, la actitud de estudio y el tratamiento del paisaje del fondo.

La paleta de colores es la típica de la sobriedad zurbaranesca. Destaca el intenso verde de la túnica del santo, que domina el primer plano, contrastando con el tono rosado violáceo suave de su manto. Estos colores están saturados, pero contenidos. El fondo utiliza tierras y verdes oscuros, creando un ambiente austero.

Zurbarán emplea un tenebrismo moderado donde la luz incide de lleno en la calva del santo, su rostro pensativo, las manos y las hojas del libro, dejando las zonas secundarias —como el tronco del árbol y la cabeza del león— en una sombra gradual, lo que añade dramatismo e introspección a la escena.

La perspectiva no es el elemento fundamental, ya que la escena se centra en primer plano en la figura. Sin embargo, hay una clara sugerencia de profundidad espacial a través de la perspectiva atmosférica en el paisaje de fondo a la izquierda. Las colinas boscosas se difuminan en tonos grisáceos y azulados, creando una sensación de distancia y espacio al aire libre, un «desierto» simbólico donde el santo se retira a escribir.

El fondo rompe el oscurantismo plano mediante un sutil celaje matutino o vespertino y una masa vegetativa lateral (un árbol a la derecha y vegetación abocetada a la izquierda). Este paisaje de fondo proporciona aireación y profundidad atmosférica a la escena, alejándose de los fondos completamente neutros de otros retratos de santos de la primera época del artista.

El dibujo destaca por su nitidez y firmeza en los pliegues pesados y escultóricos de las telas, un rasgo inconfundible del artista. Hay una marcada atención a la anatomía senil (barba cana, ceño fruncido, frente arrugada) y a la plasmación del libro y la pluma, que dotan a la escena de una gran inmediatez cotidiana y espiritualidad austera.

SAN LUCAS


Realizado por el taller de Francisco de Zurbarán entre 1637-1639

Óleo sobre lienzo. Altura = 55 cm; Anchura = 53 cm.

ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:

El lienzo se encuentra en el Museo de Cádiz desde 1836 y también forma parte del grupo de los cuatro evangelistas destinados al retablo mayor de la Cartuja jerezana. El historiador Enrique Valdivieso, señaló en 1988, respecto a esta obra: “En la realización de este evangelista, al igual que en la de sus tres compañeros, se advierte una calidad inferior a la que normalmente refleja Zurbarán en sus pinturas, aspecto que induce a considerarla como obra de taller.”

San Lucas (Romero de Torres, s. f., lámina 121), hay un error en la asignación del título a la obra, debería ser el 120.

San Lucas de Heinric  Aldegrever

TEMA Y COMPOSICIÓN:

San Lucas se representa sentado al pie de un tronco de árbol, como San Marcos, pero mirando hacia el lado opuesto. De la misma forma, se encuentra en actitud de escribir el libro del Evangelio que apoya en su rodilla; el libro abierto y la pluma en su mano sugieren la redacción del texto sagrado en la tranquilidad de la naturaleza. En el ángulo inferior derecho del lienzo aparece la cabeza del toro simbólico. El fondo lo constituye un paisaje luminoso en el que se observa un lejano montículo.

La figura principal ocupa la mayor parte del encuadre, formando un triángulo o pirámide visual muy sólida, un recurso clásico que transmite estabilidad, peso y solemnidad. A la izquierda, el grueso tronco del árbol actúa como un marco vertical que frena la mirada del espectador dentro del cuadro. A la derecha, el ángulo del libro abierto y la mirada inclinada de la figura guían la atención hacia la zona del paisaje. San Lucas se sitúa muy cerca del primer plano (monumentalidad), dando la sensación de una presencia física imponente en un encuadre cerrado.


Zurbarán utiliza la perspectiva aérea para lograr la sensación de profundidad a través de la gradación cromática del fondo. Las colinas del fondo a la derecha adquieren tonos verdosos y grisáceos más pálidos para simular la distancia y el aire interpuesto; así podemos ver hasta cuatro planos solapados: en el primero, el manto rosa/violeta sobre sus piernas; en un segundo plano, la figura de San Lucas, la túnica amarilla/dorada y el libro; el árbol a la izquierda y el paisaje con vegetación constituyen el tercero de los planos; y, al fondo, las montañas lejanas y el cielo claro.


Las prendas caídas y los pliegues abultados generan volumen real y sensación de peso corporal sobre el asiento. El realismo propio del Barroco se muestra en el dominio del modelado anatómico: la cabeza calva con barba poblada, el rostro ceñudo y concentrado, y las manos articuladas con precisión (especialmente la que sostiene la pluma). El tratamiento del drapeado de las telas, con pliegues amplios y pesados, aporta volumetría y sentido escultórico a la figura.


La fuente de luz incide desde la izquierda y desde arriba, iluminando fuertemente el hombro, la calva y las páginas del libro, y generando profundas sombras en el rostro (acentuando la ceja y la mirada) y en la parte posterior del manto, lo que aporta expresividad y volumen.

Respecto al colorido, destaca la calidez del color ocre/amarillo dorado de la túnica principal, que capta la mayor cantidad de luz y contrasta suavemente con el rosa/púrpura del manto inferior, lo que aporta riqueza tonal. Además, se utilizan colores neutros en los fondos: tonos oscuros de tierra, verde oliva y grises en la naturaleza.

DOCUMENTACIÓN:

Delenda, O. (2011). Así en la Tierra como en el Cielo: Zurbarán y el retablo de la Cartuja de Jerez de la Frontera. Ediciones Remedios 9; Fundación Cajasol.

Frati, T. (1988). La obra pictórica de Zurbarán. Editorial Planeta, 103-105

Navarrete, B. (1996). Aportaciones a los Zurbaranes de la Cartuja de Jerez. Archivo Español de Arte, 69(275), 243-261.

Ministerio de Cultura. (s.f.). San Juan Evangelista [Ficha de inventario n.º CE20077]. Museo de Cádiz. Red de Museos de España (CER.es). https://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=142823&inventary=CE20077&table=FMUS&museum=MCA

Ministerio de Cultura. (s. f.). San Mateo [Pintura]. Red Digital de Colecciones de Museos de España (CER.es), Museo de Cádiz (N.º de inventario CE20078). https://ceres.mcu.es/

Ministerio de Cultura. (s. f.). San Marcos [Pintura]. Red Digital de Colecciones de Museos de España (CER.es), Museo de Cádiz (N.º de inventario CE20079). https://ceres.mcu.es/

Ministerio de Cultura. (s. f.). San Lucas [Pintura]. Red Digital de Colecciones de Museos de España (CER.es), Museo de Cádiz (N.º de inventario CE20080). https://ceres.mcu.es/

Romero de Torres, E. (1907-1909) Catálogo de los Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Cádiz. Fotografías - Tomo II. Ministerio de Cultura (Instituto del Patrimonio Cultural de España, IPCE) y Biblioteca Tomás Navarro Tomás (CSIC).

martes, 14 de julio de 2026

PINTURAS DE ZURBARÁN PARA LA CARTUJA DE JEREZ, (2ª PARTE)

 PINTURAS DE ZURBARÁN PARA LA CARTUJA DE JEREZ, (2ª PARTE)

Continuo en esta entrada el recorrido de los óleos que Zurbarán realizó para la cartuja jerezana y que se encuentran depositados en el Museo de Cádiz:


SAN LORENZO



Museo de Cádiz

Realizado por Francisco de Zurbarán entre 1637-1639

Óleo sobre lienzo, 60x79 cm

ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:


Llegó al museo en 1836, procedente de la Cartuja de Santa María de la Defensión, donde formaba parte de su retablo mayor. En el inventario de la Desamortización de 1835, este lienzo y el de “San Juan Bautista” aparecen situados en el tercer cuerpo del retablo, junto a los "Evangelistas". A este respecto, César Pemán indica que ambos cuadros se situaban en el tercer cuerpo del retablo, a ambos lados de la “Crucifixión”. Sin embargo, Jeannine Baticle señala como posible ubicación de ambas obras las puertas de la parte inferior del retablo.

Reconstrucción del Retablo Mayor de la Cartuja, según E. Valdivieso. San Lorenzo y San Juan Bautista colocados según la hipótesis de Jeannine Baticle.

TEMA Y COMPOSICIÓN:

San Lorenzo se sitúa sentado de perfil hacia la izquierda, inclinado hacia delante. Esta postura genera una potente línea diagonal que guía la mirada desde la cabeza del santo hacia sus manos unidas en oración.

Cruzando de manera transversal el cuerpo del santo se sitúa la parrilla (símbolo de su martirio), cuyo largo mango crea una contrapendiente diagonal perfecta que equilibra la composición. El contorno del santo recorta el espacio de manera limpia y monumental, a pesar de las dimensiones reales del lienzo.

Zurbarán emplea una iluminación de "luz de estudio", proyectada fuertemente desde arriba hacia abajo. Esto genera un pronunciado claroscuro (típicamente zurbaranesco) que modela el rostro con fuerza, resalta la anatomía de las manos y genera pliegues profundos y escultóricos en la vestimenta.

La dalmática que viste el santo domina la paleta con un rojo intenso y vibrante que simboliza el martirio. Este color se complementa ricamente con los minuciosos bordados dorados, aportando suntuosidad litúrgica a la escena.

El blanco puro de las mangas (alba) actúa como un punto de luz intermedio que conecta el rostro con las vestiduras y destaca la posición de las manos en oración.


A diferencia del tenebrismo estricto de sus primeros años, aquí Zurbarán opta por un boscaje claro, luminoso y atmosférico en el fondo. Utiliza tonalidades verde oliva ejecutadas con pinceladas cortas y punteadas, lo que aporta una enorme luminosidad general y un bello contraste tonal con la densidad y el calor del rojo de la vestimenta.

El santo se aleja de la idealización celestial; se muestra humano, concentrado y humilde. La expresión de su rostro, con los ojos bajos y las manos unidas en oración, transmite una profunda piedad y misticismo silencioso.

Fiel al estilo del maestro, destaca la asombrosa maestría al capturar las calidades materiales, diferenciando la pesadez de la tela de la dalmática, la riqueza táctil de los bordados dorados, la frialdad metálica de la parrilla y la suavidad de la piel.

SAN JUAN BAUTISTA


Museo de Cádiz

Realizado por Francisco de Zurbarán entre 1637-1639

Óleo sobre lienzo, 60x79 cm


ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:

Tras la desamortización en 1836, el lienzo de San Juan Bautista quedó en poder de la Academia de Bellas Artes gaditana, y pasó posteriormente a formar parte del Museo de Bellas Artes de Cádiz. Bernard Soria considera endeble la figura del cordero, aunque considera también la buena calidad del cuadro y la armonía de los claroscuros.

Se trata de uno de los lienzos que formaban parte del retablo mayor de la Cartuja de Jerez. En cuanto al lugar preciso que ocupaba en el mencionado retablo, hay disparidad de criterios. En el inventario de la desamortización de 1835, este lienzo y el de «San Lorenzo» aparecen situados en el tercer cuerpo del retablo, junto a los evangelistas.

En este inventario de 1835 se cita: “En el último cuerpo un crucifijo como de 3 varas y detrás un cuadro de la misma altura como de Jerusalém=Los cuatro Evangelistas pintados como de 3/4 sin cuadro, y un poquito de apaisado? S. Juan Bautista y San Lorenzo”.

César Pemán, debido a lo limitado del banco del retablo, los situó en el tercer cuerpo, a un lado y otro de la crucifixión. Jeannine Baticle señaló la dificultad de colocar a los evangelistas, San Lorenzo y San Juan Bautista entre los grandes cuadros, ubicados actualmente en el Museo de Grenoble, y precisó que habría sido imposible distinguirlos si hubieran sido situados en el ático.

César Pemán afirma que los cartujos tenían como patrono a San Juan Bautista; asimismo, Valdivieso indica que «la presencia de este personaje evangélico en el retablo debe justificarse en razón de que los cartujos lo consideraban su santo patrón, en virtud de su vida retirada en el desierto, su dedicación a la mortificación, la penitencia, la soledad y el silencio que lo rodeaba».

Reconstrucción del Retablo Mayor de la Cartuja, según E. Valdivieso. San Lorenzo y San Juan Bautista colocados según la hipótesis de Jeannine Baticle.

TEMA Y COMPOSICIÓN:

Se representa al santo de medio cuerpo hasta las rodillas, sentado y girado hacia el ángulo inferior derecho del cuadro, donde se encuentra el cordero simbólico (Agnus Dei) sobre el que reposa su mano izquierda. Lleva manto y zalea, los cuales dejan al descubierto los brazos, la mitad del torso y una pierna. Su rostro, bellísimo, transmite una expresión serena y juvenil. Con el dedo índice de la mano derecha señala la figura del cordero. Detrás de él se aprecia una zona rocosa en penumbra y, al fondo, a la derecha, un paisaje también rocoso en tonos grises. Especial interés reviste la ejecución de la anatomía de su brazo derecho, sobre el que apoya la cruz de caña; este miembro está resuelto con una bella musculatura modulada por los contrastes de luz y sombra.


La composición de San Juan Bautista es marcadamente diagonal y asimétrica, lo que aporta un gran dinamismo contenido y una profunda carga psicológica. El cuerpo de San Juan forma un arco inclinado hacia la derecha, que conecta directamente con la figura del cordero. La cruz de caña, apoyada en su brazo derecho y sostenida discretamente, cruza el lienzo de manera oblicua, lo que refuerza la tensión lineal y equilibra el peso visual de las rocas del fondo. La composición es atectónica: la parte inferior del cuerpo del santo y gran parte del cordero no se representan, por lo que quedan fuera del lienzo.

Las figuras principales se sitúan en un primer plano muy cercano al espectador, mientras que el fondo queda semioculto por formaciones rocosas oscuras y un cielo plomizo, lo que genera una atmósfera de introspección y aislamiento (típica del retiro en el desierto). Los paisajes de este lienzo y del de San Lorenzo están estrechamente vinculados con los de la serie Los hijos de Jacob (conservada en Durham). La obra del museo gaditano muestra una clara influencia del estilo de José de Ribera, y es quizás obra de un colaborador del taller de Zurbarán de clara formación riberesca.

Se utiliza una técnica de claroscuro muy acusada, característica que también comparte con otra representación de San Juan Bautista ubicada en la Catedral de Sevilla. Una luz dirigida e intensa (luz de foco) entra desde la parte superior izquierda, e ilumina de manera selectiva la anatomía del santo: su torso, su brazo derecho, su rostro pensativo y el lomo del cordero. El resto del cuerpo y los fondos se hunden en penumbras densas. Este contraste radical no solo modela el volumen de los cuerpos, dándoles una cualidad tridimensional casi escultórica, sino que también acentúa el misticismo y la melancolía de la escena.

La paleta cromática es austera, sobria y predominantemente cálida, muy en la línea del naturalismo barroco. Predominan los colores terrosos, los ocres, los marrones oscuros y los negros de las sombras y las rocas. Destacan las encarnaciones (los tonos de la piel), que reflejan la luz con matices dorados y rosáceos; el sutil manto rojizo/purpúreo que se intuye en la zona inferior —símbolo del futuro martirio del santo—, y la blancura sucia de la lana del cordero. Es una gama de colores muy unida a la tierra y a la renuncia material.

El dibujo demuestra una firmeza y un naturalismo excepcionales. El brazo derecho y la mano izquierda que se extiende hacia el animal muestran un estudio preciso de los tendones, músculos y venas bajo la piel. No se busca una belleza idealizada o renacentista, sino un cuerpo real, curtido por la vida en el desierto. La cabeza está resuelta con un perfil muy definido y un cabello oscuro y descuidado. La expresión es de profunda concentración, resignación o melancolía, capturada a través de líneas duras y sombras que marcan las facciones. El pincel define con maestría diferentes calidades matéricas: la dureza de la piedra, la suavidad y el volumen de la lana del cordero, la aspereza de la piel que viste el santo y la sutil transparencia de la aureola sobre su cabeza.

SAN BRUNO EN MEDITACIÓN


Museo de Cádiz

Realizado por Francisco de Zurbarán hacia 1638

Óleo sobre lienzo, 108x82 cm

ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:

Llegó al museo gaditano procedente de la Cartuja de Santa María de la Defensión en 1835. Tradicionalmente se había atribuido a un pintor italiano del siglo XVIII, Placido Costanzi (según consta en Ponz y en el catálogo del museo de 1876). Martín Soria lo considera fragmento de un lienzo mayor. Considerado de calidad excelente por Paul Guinard, este registró dos réplicas de esta obra realizadas por el taller de Zurbarán: la primera, antaño en Madrid en la colección Estrada; la segunda, en el Museo Nacional de La Habana. En 1952, tras contrastar diversas fuentes documentales, se confirmó esta autoría.

TEMA Y COMPOSICIÓN:

En la obra, se representa al santo de medio cuerpo, girado ligeramente hacia su derecha, en actitud meditativa y de profunda introspección. Dirige la mirada hacia la cruz que sostiene con su mano derecha, mientras que con la otra sujeta una calavera que apoya a la altura de la cintura. San Bruno no mira al espectador; mantiene la boca entreabierta y los ojos vueltos hacia el cielo, capturando un momento de comunicación mística. Su rostro muestra un realismo ascético, alejado de la idealización renacentista. En su fisonomía destacan especialmente los pómulos y el perfil, profundamente marcados y de aspecto enjuto debido al contraste de luz y sombra que se produce en esta zona.


La calavera es el recordatorio de la brevedad de la vida terrenal. La delicadeza con la que la mano izquierda sujeta el cráneo contrasta con la firmeza con la que la mano derecha eleva la cruz. Una luz intensa, dura y dirigida entra desde el lateral izquierdo, impactando directamente sobre el hábito blanco del monje y su rostro. Esta luz no solo modela los volúmenes con un realismo casi escultórico, sino que actúa como un símbolo de la iluminación divina, al tiempo que deja el fondo completamente lúgubre, neutro y oscuro. Esto evita cualquier distracción espacial y obliga al espectador a concentrarse de manera absoluta en la figura del santo.

El santo aparece ataviado con el hábito cartujano de color blanco, cuyo tono no es plano, ya que en él se despliega una amplia gama de grises, marfiles, cremas y ocres en los pliegues de las telas gruesas. Estos pliegues son pesados, geométricos y casi arquitectónicos, lo que dota a la figura de una gran monumentalidad. El blanco radiante del hábito contrasta fuertemente con los tonos cálidos y terrosos de la piel, la calavera y la cruz de madera, equilibrando la paleta general de la obra.

DOCUMENTACIÓN:

Frati, T. (1988). La obra pictórica de Zurbarán. Editorial Planeta, 103-105

Navarrete, B. (1996). Aportaciones a los Zurbaranes de la Cartuja de Jerez. Archivo Español de Arte, 69(275), 243-261.

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PINTURAS DE ZURBARÁN PARA LA CARTUJA DE JEREZ, LOS EVANGELISTAS (3ª PARTE).

LIENZOS DE LOS CUATRO EVANGELISTAS DEL RETABLO MAYOR DE LA CARTUJA DE JEREZ. ZURBAR ÁN. MUSEO DE CÁDIZ Lienzos de los evangelistas, en el ...