martes, 14 de julio de 2026

PINTURAS DE ZURBARÁN PARA LA CARTUJA DE JEREZ, (2ª PARTE)

 PINTURAS DE ZURBARÁN PARA LA CARTUJA DE JEREZ, (2ª PARTE)

Continuo en esta entrada el recorrido de los óleos que Zurbarán realizó para la cartuja jerezana y que se encuentran depositados en el Museo de Cádiz:


SAN LORENZO



Museo de Cádiz

Realizado por Francisco de Zurbarán entre 1637-1639

Óleo sobre lienzo, 60x79 cm

ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:


Llegó al museo en 1836, procedente de la Cartuja de Santa María de la Defensión, donde formaba parte de su retablo mayor. En el inventario de la Desamortización de 1835, este lienzo y el de “San Juan Bautista” aparecen situados en el tercer cuerpo del retablo, junto a los "Evangelistas". A este respecto, César Pemán indica que ambos cuadros se situaban en el tercer cuerpo del retablo, a ambos lados de la “Crucifixión”. Sin embargo, Jeannine Baticle señala como posible ubicación de ambas obras las puertas de la parte inferior del retablo.

Reconstrucción del Retablo Mayor de la Cartuja, según E. Valdivieso. San Lorenzo y San Juan Bautista colocados según la hipótesis de Jeannine Baticle.

TEMA Y COMPOSICIÓN:

San Lorenzo se sitúa sentado de perfil hacia la izquierda, inclinado hacia delante. Esta postura genera una potente línea diagonal que guía la mirada desde la cabeza del santo hacia sus manos unidas en oración.

Cruzando de manera transversal el cuerpo del santo se sitúa la parrilla (símbolo de su martirio), cuyo largo mango crea una contrapendiente diagonal perfecta que equilibra la composición. El contorno del santo recorta el espacio de manera limpia y monumental, a pesar de las dimensiones reales del lienzo.

Zurbarán emplea una iluminación de "luz de estudio", proyectada fuertemente desde arriba hacia abajo. Esto genera un pronunciado claroscuro (típicamente zurbaranesco) que modela el rostro con fuerza, resalta la anatomía de las manos y genera pliegues profundos y escultóricos en la vestimenta.

La dalmática que viste el santo domina la paleta con un rojo intenso y vibrante que simboliza el martirio. Este color se complementa ricamente con los minuciosos bordados dorados, aportando suntuosidad litúrgica a la escena.

El blanco puro de las mangas (alba) actúa como un punto de luz intermedio que conecta el rostro con las vestiduras y destaca la posición de las manos en oración.


A diferencia del tenebrismo estricto de sus primeros años, aquí Zurbarán opta por un boscaje claro, luminoso y atmosférico en el fondo. Utiliza tonalidades verde oliva ejecutadas con pinceladas cortas y punteadas, lo que aporta una enorme luminosidad general y un bello contraste tonal con la densidad y el calor del rojo de la vestimenta.

El santo se aleja de la idealización celestial; se muestra humano, concentrado y humilde. La expresión de su rostro, con los ojos bajos y las manos unidas en oración, transmite una profunda piedad y misticismo silencioso.

Fiel al estilo del maestro, destaca la asombrosa maestría al capturar las calidades materiales, diferenciando la pesadez de la tela de la dalmática, la riqueza táctil de los bordados dorados, la frialdad metálica de la parrilla y la suavidad de la piel.

SAN JUAN BAUTISTA


Museo de Cádiz

Realizado por Francisco de Zurbarán entre 1637-1639

Óleo sobre lienzo, 60x79 cm


ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:

Tras la desamortización en 1836, el lienzo de San Juan Bautista quedó en poder de la Academia de Bellas Artes gaditana, y pasó posteriormente a formar parte del Museo de Bellas Artes de Cádiz. Bernard Soria considera endeble la figura del cordero, aunque considera también la buena calidad del cuadro y la armonía de los claroscuros.

Se trata de uno de los lienzos que formaban parte del retablo mayor de la Cartuja de Jerez. En cuanto al lugar preciso que ocupaba en el mencionado retablo, hay disparidad de criterios. En el inventario de la desamortización de 1835, este lienzo y el de «San Lorenzo» aparecen situados en el tercer cuerpo del retablo, junto a los evangelistas.

En este inventario de 1835 se cita: “En el último cuerpo un crucifijo como de 3 varas y detrás un cuadro de la misma altura como de Jerusalém=Los cuatro Evangelistas pintados como de 3/4 sin cuadro, y un poquito de apaisado? S. Juan Bautista y San Lorenzo”.

César Pemán, debido a lo limitado del banco del retablo, los situó en el tercer cuerpo, a un lado y otro de la crucifixión. Jeannine Baticle señaló la dificultad de colocar a los evangelistas, San Lorenzo y San Juan Bautista entre los grandes cuadros, ubicados actualmente en el Museo de Grenoble, y precisó que habría sido imposible distinguirlos si hubieran sido situados en el ático.

César Pemán afirma que los cartujos tenían como patrono a San Juan Bautista; asimismo, Valdivieso indica que «la presencia de este personaje evangélico en el retablo debe justificarse en razón de que los cartujos lo consideraban su santo patrón, en virtud de su vida retirada en el desierto, su dedicación a la mortificación, la penitencia, la soledad y el silencio que lo rodeaba».

Reconstrucción del Retablo Mayor de la Cartuja, según E. Valdivieso. San Lorenzo y San Juan Bautista colocados según la hipótesis de Jeannine Baticle.

TEMA Y COMPOSICIÓN:

Se representa al santo de medio cuerpo hasta las rodillas, sentado y girado hacia el ángulo inferior derecho del cuadro, donde se encuentra el cordero simbólico (Agnus Dei) sobre el que reposa su mano izquierda. Lleva manto y zalea, los cuales dejan al descubierto los brazos, la mitad del torso y una pierna. Su rostro, bellísimo, transmite una expresión serena y juvenil. Con el dedo índice de la mano derecha señala la figura del cordero. Detrás de él se aprecia una zona rocosa en penumbra y, al fondo, a la derecha, un paisaje también rocoso en tonos grises. Especial interés reviste la ejecución de la anatomía de su brazo derecho, sobre el que apoya la cruz de caña; este miembro está resuelto con una bella musculatura modulada por los contrastes de luz y sombra.


La composición de San Juan Bautista es marcadamente diagonal y asimétrica, lo que aporta un gran dinamismo contenido y una profunda carga psicológica. El cuerpo de San Juan forma un arco inclinado hacia la derecha, que conecta directamente con la figura del cordero. La cruz de caña, apoyada en su brazo derecho y sostenida discretamente, cruza el lienzo de manera oblicua, lo que refuerza la tensión lineal y equilibra el peso visual de las rocas del fondo. La composición es atectónica: la parte inferior del cuerpo del santo y gran parte del cordero no se representan, por lo que quedan fuera del lienzo.

Las figuras principales se sitúan en un primer plano muy cercano al espectador, mientras que el fondo queda semioculto por formaciones rocosas oscuras y un cielo plomizo, lo que genera una atmósfera de introspección y aislamiento (típica del retiro en el desierto). Los paisajes de este lienzo y del de San Lorenzo están estrechamente vinculados con los de la serie Los hijos de Jacob (conservada en Durham). La obra del museo gaditano muestra una clara influencia del estilo de José de Ribera, y es quizás obra de un colaborador del taller de Zurbarán de clara formación riberesca.

Se utiliza una técnica de claroscuro muy acusada, característica que también comparte con otra representación de San Juan Bautista ubicada en la Catedral de Sevilla. Una luz dirigida e intensa (luz de foco) entra desde la parte superior izquierda, e ilumina de manera selectiva la anatomía del santo: su torso, su brazo derecho, su rostro pensativo y el lomo del cordero. El resto del cuerpo y los fondos se hunden en penumbras densas. Este contraste radical no solo modela el volumen de los cuerpos, dándoles una cualidad tridimensional casi escultórica, sino que también acentúa el misticismo y la melancolía de la escena.

La paleta cromática es austera, sobria y predominantemente cálida, muy en la línea del naturalismo barroco. Predominan los colores terrosos, los ocres, los marrones oscuros y los negros de las sombras y las rocas. Destacan las encarnaciones (los tonos de la piel), que reflejan la luz con matices dorados y rosáceos; el sutil manto rojizo/purpúreo que se intuye en la zona inferior —símbolo del futuro martirio del santo—, y la blancura sucia de la lana del cordero. Es una gama de colores muy unida a la tierra y a la renuncia material.

El dibujo demuestra una firmeza y un naturalismo excepcionales. El brazo derecho y la mano izquierda que se extiende hacia el animal muestran un estudio preciso de los tendones, músculos y venas bajo la piel. No se busca una belleza idealizada o renacentista, sino un cuerpo real, curtido por la vida en el desierto. La cabeza está resuelta con un perfil muy definido y un cabello oscuro y descuidado. La expresión es de profunda concentración, resignación o melancolía, capturada a través de líneas duras y sombras que marcan las facciones. El pincel define con maestría diferentes calidades matéricas: la dureza de la piedra, la suavidad y el volumen de la lana del cordero, la aspereza de la piel que viste el santo y la sutil transparencia de la aureola sobre su cabeza.

SAN BRUNO EN MEDITACIÓN


Museo de Cádiz

Realizado por Francisco de Zurbarán hacia 1638

Óleo sobre lienzo, 108x82 cm

ORIGEN E HISTORIA EXTERNA:

Llegó al museo gaditano procedente de la Cartuja de Santa María de la Defensión en 1835. Tradicionalmente se había atribuido a un pintor italiano del siglo XVIII, Placido Costanzi (según consta en Ponz y en el catálogo del museo de 1876). Martín Soria lo considera fragmento de un lienzo mayor. Considerado de calidad excelente por Paul Guinard, este registró dos réplicas de esta obra realizadas por el taller de Zurbarán: la primera, antaño en Madrid en la colección Estrada; la segunda, en el Museo Nacional de La Habana. En 1952, tras contrastar diversas fuentes documentales, se confirmó esta autoría.

TEMA Y COMPOSICIÓN:

En la obra, se representa al santo de medio cuerpo, girado ligeramente hacia su derecha, en actitud meditativa y de profunda introspección. Dirige la mirada hacia la cruz que sostiene con su mano derecha, mientras que con la otra sujeta una calavera que apoya a la altura de la cintura. San Bruno no mira al espectador; mantiene la boca entreabierta y los ojos vueltos hacia el cielo, capturando un momento de comunicación mística. Su rostro muestra un realismo ascético, alejado de la idealización renacentista. En su fisonomía destacan especialmente los pómulos y el perfil, profundamente marcados y de aspecto enjuto debido al contraste de luz y sombra que se produce en esta zona.


La calavera es el recordatorio de la brevedad de la vida terrenal. La delicadeza con la que la mano izquierda sujeta el cráneo contrasta con la firmeza con la que la mano derecha eleva la cruz. Una luz intensa, dura y dirigida entra desde el lateral izquierdo, impactando directamente sobre el hábito blanco del monje y su rostro. Esta luz no solo modela los volúmenes con un realismo casi escultórico, sino que actúa como un símbolo de la iluminación divina, al tiempo que deja el fondo completamente lúgubre, neutro y oscuro. Esto evita cualquier distracción espacial y obliga al espectador a concentrarse de manera absoluta en la figura del santo.

El santo aparece ataviado con el hábito cartujano de color blanco, cuyo tono no es plano, ya que en él se despliega una amplia gama de grises, marfiles, cremas y ocres en los pliegues de las telas gruesas. Estos pliegues son pesados, geométricos y casi arquitectónicos, lo que dota a la figura de una gran monumentalidad. El blanco radiante del hábito contrasta fuertemente con los tonos cálidos y terrosos de la piel, la calavera y la cruz de madera, equilibrando la paleta general de la obra.

DOCUMENTACIÓN:

Frati, T. (1988). La obra pictórica de Zurbarán. Editorial Planeta, 103-105

Navarrete, B. (1996). Aportaciones a los Zurbaranes de la Cartuja de Jerez. Archivo Español de Arte, 69(275), 243-261.

Ministerio de Cultura. (s.f.). San Juan Bautista [Ficha de inventario n.º CE20066]. Museo de Cádiz. Red de Museos de España (CER.es). https://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=142812&inventary=CE20066&table=FMUS&museum=MCA

Ministerio de Cultura. (s.f.). San Lorenzo [Ficha de inventario n.º CE20067]. Museo de Cádiz. Red de Museos de España (CER.es). https://ceres.mcu.es/pages/Main?idt=142813&inventary=CE20067&table=FMUS&museum=MCA

Ministerio de Cultura. (s.f.). San Bruno [Ficha de inventario n.º CE20017]. Museo de Cádiz. Red de Museos de España (CER.es). https://ceres.mcu.es/pages/Main

No hay comentarios:

Publicar un comentario

PINTURAS DE ZURBARÁN PARA LA CARTUJA DE JEREZ, (2ª PARTE)

  PINTURAS DE ZURBARÁN PARA LA CARTUJA DE JEREZ, (2ª PARTE) Continuo en esta entrada el recorrido de los óleos que Zurbarán realizó para l...