martes, 7 de julio de 2026

RETRATOS DE LA DUQUESA DE ALBA, EN LA EXPOSICIÓN: "CAYETANA. GRANDE DE ESPAÑA"

RETRATOS DE LA DUQUESA DE ALBA, EN  LA EXPOSICIÓN: "CAYETANA. GRANDE DE ESPAÑA"

En el Palacio de Las Dueñas (Sevilla), y para conmemorar el centenario del nacimiento de Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, la Fundación Casa de Alba presenta una inédita exposición entre marzo y agosto de 2026.

La muestra rinde homenaje a una de las figuras femeninas más relevantes de la España contemporánea a través de un recorrido por cinco secciones temáticas que reúnen más de 200 piezas, incluyendo obras de arte, fotografías, objetos personales, creaciones de alta costura y documentos procedentes del archivo familiar nunca antes vistos. Este proyecto destaca su faceta como mecenas, coleccionista e icono cultural.

A continuación, analizamos cuatro de las obras más destacadas que forman parte de este excepcional legado; en concreto, dos pinturas y dos esculturas en las que la duquesa de Alba está representada.

Ignacio Zuloaga influyó en el gusto artístico del Duque. Estos retratos infantiles de Cayetana forman parte de la historia visual de la Casa de Alba al unir la tradición del retrato aristocrático con toques modernos y personales. En ese momento, Zuloaga era un pintor muy cotizado y de fama mundial, en cuya obra el retrato de la alta sociedad y las figuras mundanas ocupaban el primer lugar de su producción. Su éxito era tal que no podía realizar todos los encargos que le solicitaban. Zuloaga no era solo el "pintor de cámara" de los Alba, sino también un amigo personal del Duque, lo que explica la naturalidad y el cariño que se perciben en los retratos de Cayetana.

CAYETANA FITZ-JAMES STUART, XVIII DUQUESA DE ALBA, MONTADA EN SU PONI “TOMMY”




Ignacio Zuloaga (1870-1945)

Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, montada en su poni “Tommy”

1930

Óleo sobre lienzo

Madrid, Palacio de Liria



Este cuadro, una de las obras más singulares y entrañables de Ignacio Zuloaga, representa a Cayetana Fitz-James Stuart (la futura duquesa de Alba) cuando era niña, montada sobre su poni "Tommy".

El pintor, conocido por su estilo recio y a menudo oscuro de la "España Negra", suaviza aquí su paleta. La composición es monumental al situar a la niña y al poni en un plano elevado, lo que les otorga una importancia casi heroica, típica de los retratos ecuestres reales de Velázquez, pero adaptada a una escala infantil.

El fondo mantiene el puro estilo del autor, con nubes en tonos violáceos, blancos y azulados que aportan movimiento y una atmósfera vibrante. Al fondo, se aprecian unas montañas (posiblemente la sierra de Guadarrama) que conectan la figura con el paisaje castellano que tanto amaba el pintor.

Lo más fascinante de esta obra es la mezcla de la tradición académica con la modernidad infantil. Por un lado, destaca lo clásico: el retrato de la niña con su abrigo azul de cuello de piel y la técnica del óleo muestran la maestría del autor. Por otro, irrumpe lo lúdico: en la parte inferior izquierda, rompiendo la sobriedad del retrato aristocrático, aparecen varios juguetes, como una figura de Mickey Mouse (un detalle muy moderno para 1930) o un gato de peluche. A la derecha, sus perros completan la escena familiar.

La pieza captura un momento de transición: la fragilidad de la infancia de Cayetana rodeada de sus juguetes, pero ya presentada con la dignidad y el porte del linaje de la Casa de Alba. Es un retrato que derrocha ternura —algo menos frecuente en la producción de Zuloaga—, pero que mantiene su característica pincelada firme y su excelente manejo de la luz.

En definitiva, se trata de una obra que demuestra cómo un artista de carácter "trágico" y serio podía adaptarse perfectamente al mundo de la infancia sin perder un ápice de su identidad pictórica.

CAYETANA FITZ-JAMES STUART, XVIII DUQUESA DE ALBA, A CABALLO

 


Ignacio Zuloaga (1870-1945)

Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, a caballo

1939

Óleo sobre lienzo

Sevilla, Palacio de Las Dueñas


Este es otro magnífico retrato ecuestre de Ignacio Zuloaga, pintado en 1939, que muestra a la joven Cayetana Fitz-James Stuart —ya en su adolescencia— a caballo. Es fascinante comparar esta obra con la anterior, ya que marca un cambio notable en su tono y estilo.

A diferencia del cuadro con el poni "Tommy", aquí vemos una imagen mucho más solemne y madura. Cayetana ya no es una niña con juguetes, sino una joven aristócrata que domina la escena. Su postura es erguida y segura, y viste un traje de amazona oscuro que resalta sobre el caballo blanco.

El caballo tordo (blanco) está representado con una monumentalidad velazqueña. Zuloaga utiliza al animal para estructurar toda la composición, de modo que ocupa gran parte del lienzo. La técnica en el pelaje y la anatomía del caballo es impecable, lo que le otorga una presencia física casi escultórica.

En esta obra, Zuloaga regresa de lleno a su estética más característica. Por un lado, emplea colores más sobrios, con tonos más oscuros y profundos que en el retrato infantil, y crea una atmósfera dramática donde el cielo nocturno o de crepúsculo aporta una carga de misterio y seriedad. Por otro lado, se representa una escena costumbrista al fondo: a la izquierda, se observa una escena de campo con otros jinetes y lo que parece ser una edificación tradicional (posiblemente un cortijo o una plaza de tienta), lo que refuerza la conexión de la Casa de Alba con las tradiciones ganaderas y el campo andaluz.

En la parte inferior, los dos perros no solo añaden realismo a la escena de campo, sino que sirven para dirigir la mirada del espectador hacia arriba, hacia la protagonista.

El contraste entre la figura iluminada de la joven y el fondo oscuro subraya su importancia social y personal. Es un retrato de "presentación" al mundo de una figura que estaba destinada a ser una de las mujeres más importantes de España.

Se observa una pincelada más empastada y vigorosa en el paisaje y los animales, típica del Zuloaga más maduro, quien prefería la fuerza expresiva sobre el detalle minucioso y "bonito" del academicismo tradicional.

Es una obra que respira orgullo, tradición y dominio, y captura perfectamente la identidad de la modelo y la visión artística del pintor sobre la nobleza española.

RETRATO DE MARÍA DEL ROSARIO CAYETANA FITZ-JAMES STUART Y DE ALBA


Mariano Benlliure Gil
(1862-1947)

Retrato de María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y de Alba

1928

Mármol

Madrid, Palacio de Liria

Mariano Benlliure fue un maestro indiscutible del naturalismo y esta obra es un testimonio perfecto de su habilidad para plasmar la psicología infantil sin caer en la rigidez académica o la idealización artificial.

En lugar de una pose estática, el artista captura a la niña en un instante dinámico. La cabeza está ligeramente girada hacia su izquierda, con una mirada curiosa y despierta. El detalle de las mejillas redondeadas, los labios entreabiertos y la sutil expresión de asombro o atención transmiten una tremenda frescura y espontaneidad vital —rasgos característicos de la infancia—, lo que logra captar una expresión plenamente realista.

El corte de pelo con flequillo, propio de la moda de finales de los años 20, está modelado con suavidad, definiendo los contornos del rostro sin recurrir a un detallismo geométrico exagerado, lo que aporta naturalidad a la caída del cabello.

Uno de los grandes logros artísticos de esta escultura reside en la maestría con la que Benlliure trabaja el mármol, ya que logra diferenciar calidades táctiles sumamente diversas a partir del mismo material monocromo. Las superficies del rostro y de las manos muestran un pulido sumamente delicado y terso. El mármol difumina la luz de manera difusa, emulando la suavidad, la turgencia y la delicadeza de la piel de una niña pequeña.

En contraste con la piel, el vestido presenta un tratamiento de pliegues más directo y abocetado. Las líneas de la tela caen de forma natural sobre los hombros, lo que rompe la monotonía y dirige la mirada hacia el rostro.

En la parte inferior, la mano izquierda de Cayetana descansa sobre un denso grupo de rosas y capullos. El labrado de las hojas y los pétalos es mucho más rugoso y texturizado, lo que sirve de base compositiva y genera un magnífico juego de claroscuro que realza el volumen general.

En la base del bloque de mármol, el artista cinceló la inscripción identificativa: "MARÍA DEL ROSARIO CAYETANA FITZ-JAMES STUART Y DE ALBA". La tipografía está integrada de forma rústica y limpia directamente en la piedra, por lo que sirve no solo como registro histórico, sino también como un límite formal que asienta y equilibra el peso visual de la composición superior.

Mariano Benlliure consigue inmortalizar la fragilidad y la viveza de la niñez con un virtuosismo en el manejo del mármol que convierte un retrato privado de la aristocracia en una pieza de valor estético universal, que destaca por su frescura, sensibilidad y realismo.

CAYETANA XVIII • DUQUESA DE ALBA


Sebastián Santos Calero. (Sevilla
, 1943.),

Retrato de Doña Cayetana Fizt-James Stuart y Silva.

Terracota, modelado en barro. Medidas: 0,93 x 0,45 x 0,23 m.

Firmado en el pedestal: «Cayetana Alba-S. Santos-91». Época: 1991.

Palacio de las Dueñas (salón de antecapilla).

Esta escultura en terracota de Cayetana Fitz-James Stuart, XVIII duquesa de Alba, fue realizada por el escultor sevillano Sebastián Santos Calero, Catedrático de Escultura de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla.

El uso de la arcilla cocida (terracota) aporta una calidez cromática innata (tonos rojizos y terrosos) que humaniza la figura y la aleja de la frialdad académica del mármol o la solemnidad del bronce tradicional.

El busto captura los rasgos icónicos de la duquesa en una etapa madura pero idealizada.

El tratamiento de la melena rizada y voluminosa es uno de los aspectos más expresivos de la obra. El escultor recurre a un modelado profundamente texturizado, casi de carácter pictórico o expresionista, que genera un juego de luces y sombras muy dinámico (claroscuro), lo que rompe con la rigidez del plano liso del rostro.

La cabeza se muestra ligeramente erguida y girada, con una mirada fija hacia el horizonte que le otorga un aire de dignidad aristocrática, serenidad y altivez, pero manteniendo a la vez un matiz cercano y humano.

El torso queda enmarcado y semioculto por un gran abanico desplegado que la figura sostiene contra su pecho. La textura del abanico está muy trabajada, emulando varillas rígidas y pliegues que se deshacen en bordes rasgados en su contorno superior, lo que aporta una vibración orgánica y romántica a la composición, fuertemente vinculada a la identidad cultural andaluza.

La base de la escultura es una pieza artística fundamental por derecho propio. Consiste en un relieve tallado en el mismo bloque cerámico que representa a una mujer desnuda recostada; es una clara alusión directa a La maja desnuda de Francisco de Goya (o a la imaginería bucólica de las ninfas clásicas). Cabe recordar el histórico vínculo de la Casa de Alba con Goya (especialmente a través de la Cayetana del siglo XVIII), por lo que el escultor utiliza este relieve como un puente temporal e histórico entre la dinastía de la retratada y la tradición pictórica española.


Formalmente, el relieve ofrece un contraste de volúmenes con el busto superior. Mientras que el retrato es tridimensional, rotundo y detallado, la figura yacente de la base emerge suavemente de la materia, al jugar con la bidimensionalidad y una ejecución más abocetada que evoca un sueño o un recuerdo histórico incrustado en el propio pedestal de la duquesa.

El artista opta deliberadamente por no pulir en exceso las superficies. Se aprecian las huellas del modelado a mano y del uso de palillos de escultor, lo que confiere a la obra una vibración táctil y una frescura contemporánea. La transición entre la finura de la piel del rostro y la rugosidad del cabello y el abanico demuestra un gran dominio técnico.

Sebastián Santos Calero logra fusionar de manera armoniosa el retrato individualizado y costumbrista (el abanico, los rizos) con una densa carga simbólica a través del relieve de la base. Es una pieza que respira tradición barroca sevillana en su juego de texturas, pero ejecutada con una sensibilidad formal moderna.

RETRATOS DE LA DUQUESA DE ALBA, EN LA EXPOSICIÓN: "CAYETANA. GRANDE DE ESPAÑA"

RETRATOS DE LA DUQUESA DE ALBA, EN  LA EXPOSICIÓN: "CAYETANA. GRANDE DE ESPAÑA" En el Palacio de Las Dueñas (Sevilla), y para co...